Cinco tipos de turistas

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Aunque, inevitablemente, todos hayamos sido turistas alguna vez, dejad que dedique unas líneas a tratar con un poco de humor la pregunta de “qué es ser un turista”.

Diferentes definiciones de turista:

1) Todo aquel que por cenar en un restaurante que anuncia “la auténtica sangría” o “el auténtico gulash” se cree estar degustando el plato más típico en el sitio más típico. Lo auténtico no se anuncia, salvo como maniobra de marketing engañoso para cobrar más por mucho menos. ¿Acaso anuncian la autenticidad los restaurantes que frecuentamos en nuestra ciudad? ¿Utilizan flyers y relaciones públicas?

2) Todo aquel que trata a los locales como si fuesen estatuas, parte del paisaje, personas de cartón contratadas por las Oficinas de Turismo. Al turista le encanta pasear y sorprenderse: “mira ese niño desnutrido y semidesnudo, ¡que pobre!, vamos a sacarle una foto”, “mira ese hombre con traje, seguro que es directivo de un banco muy importante”. Vivir una ciudad, para el turista, es algo así como visitar un zoo.

3) Todo aquel que, nada más aterrizar, se compra y pone una camiseta de “Estuve en Lanzarote”, de “J’aime Paris” o del equipo de la ciudad que toque. Sin entrar a valorar el hecho de que no se puede amar aquello que acabas de conocer, vestir una camiseta de este tipo no hace que te sientas más parisino, sino todo lo contrario. Te estás disfrazando de turista y como turista te tratarán.

Photo by: Sebastían-Dario

4) Todo aquel que durante el año no sabe ni dónde guarda la cámara de fotos y cuando viaja se dedica a fotografiar hasta el brotar de la hierba de los jardines. Está tan pendiente de no dejar un rincón sin fotografiar, de posar delante de cada piedra con cara de estar pasándoselo tan bien, que ni siquiera sabe en qué ciudad está.

5) Todo aquel que, al encontrarse con un local, seguramente un taxista, le hace siempre las dos mismas preguntas (una vez ya se ha bebido unas cuantas cervezas). Primero, le pregunta por cuál es su equipo de fútbol preferido. Y si hay contestación, le pregunta cómo de guapas y calientes son las chicas en la ciudad en cuestión. Cuando luego le cobran tres veces la tarifa normal se sorprende, pero… “con las chicas del pueblo no se juega, forastero”.

ExperienceLess en Colonia

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Esta semana hemos recibido una gran sorpresa. Sara y Maria, dos de las más apasionadas trouristas, decidieron dar continuidad a ExperienceLess, el movimiento que iniciamos el verano pasado para demostrar que las experiencias más auténticas, especiales y divertidas son más fáciles de vivir de la mano de la gente del lugar.

Lo que sigue es el vídeo que han grabado Sara y Maria en Colonia mientras disfrutan de su Erasmus por tierras germanas. Sin duda, son estas acciones espontáneas y desinteresadas las que hacen tan apasionante el trabajo que desarrollamos en Trourist.

Hemos aprovechado la ocasión para que Maria nos responda a unas preguntas:

P. ¿Qué opinan vuestros padres de que dediquéis horas de estudio a recoger un cartón de un contenedor, pintéis un mensaje sobre él y lo vayáis luciendo por las calles de Colonia?

R. Al principio pensaron que estaba un poco loca, y así como….¿no será un poco peligroso? Pero una vez les expliqué el porqué, qué es experienceless…etc, la verdad es que les pareció una muy buena idea. Saben que me encanta viajar y vivir nuevas experiencias, y ahora están encantados viendo una y otra vez el vídeo.

P. Se os ve abrigadas. ¿Cuál era la temperatura el día de la experiencia?

R. Fue uno de los días más fríos de mi estancia en Colonia, hacía exactamente -2ºC. Terminamos con los pies, manos y cara congelados. Menos más que encontramos ese chocolate caliente….

P. Con ese frío, ¿qué os llevó a convertiros en unas buscadoras de experiencias?

R. Me imaginé a mí misma con unas sandalias, pantalón corto y una mochila sentada en el suelo como os veía a vosotros por Paris, Amsterdam, Berlin o Estambul. Fue una vez en Colonia cuando me di cuenta de que el buscar experiencias resultaría un poco más complicado en una ciudad en la que la nieve está presente durante todo el mes de enero y febrero. Aún y así, no se me fueron las ganas de buscar experiencias auténticas…ya que también me parecía interesante conocer cómo se divierte la gente en una ciudad con un clima tan diferente al mío. De todas maneras, si tuviera que repetir la experiencia, definitivamente la haría en verano. Hay más gente por las calles.

P. ¿Qué sentisteis al recibir valiosos consejos por parte de la gente?

R. Después de muchas miradas, comentarios, risas, indiferencia…por fin sientes que alguien quiere dedicarte un rato de su tiempo libre. Es bonito que la gente te cuente qué es lo que más les gusta de su ciudad y ver que se anima a compartirlo con alguien que no conoce.

P. Seguro que hubo situaciones graciosas. ¿Alguna anécdota que se pueda contar?

R. Nos reímos mucho cuando un chico nos recomendó su discoteca favorita en Colonia, precisamente una que Sara y Lisa conocían, y que siempre comentaban que era el sitio más “bacalata”, “cutre”, en el que habían estado en Colonia.

Vivir Nueva York gracias a una trourista!

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Marcos fue en su día compañero de universidad. Hoy, unas veces por trabajo, otras por placer, tiene la suerte de hacer y deshacer su maleta a menudo. Hace unos días se puso en contacto con nosotros y nos dijo “Trourist me ayudó a conocer a una neoyorkina en mi último viaje a la Gran Manzana”. Esta breve afirmación hace que en nuestras caras se dibujen sonrisas y en nuestras mentes se reafirme la idea de que nuestros esfuerzos realmente valen la pena. Marcos nos cuenta su experiencia:

Hay tanta gente que ha visitado New York que la información sobre lugares a visitar me desbordaba. ¡Y sólo tenía 4 días para todo! Además, quería experimentar New York, no únicamente ver los puntos turísticos. Por eso, desde el principio, supe que conocer a un neoyorkino era la clave. Pero, casualmente, todos los que yo conocía no estaban en la ciudad en las fechas de mi viaje, así que pensé que trourist podría ayudarme.

Ví la gente que vivía en New York y, sin pensármelo dos veces, les mandé un mail explicando lo que quería. Y ¡bingo! ¡Una chica se ofreció para enseñarme su ciudad!. En seguida nos pusimos en contacto para saber lo que yo esperaba de la visita, conocernos un poco y fijar fecha, hora y lugar. Rachel vino a buscarme a las 11am a la puerta del hostel un día después de aterrizar en la ciudad y aun siendo vírgenes tanto en guiar como en ser guiado, los dos conseguimos lo que queríamos.

Ella ya había pensado el plan para todo el día. Empezamos visitando unas galerías de arte poco conocidas en Chelsea, un centro deportivo donde los neoyorkinos practican incluso golf en pleno Manhattan, el Chelsea Market (pequeño mercado dentro de lo que en su día fue una fábrica) y otros muchos sitios. El día terminó cenando en una famosa pizzería debajo del puente de Brooklyn, a la que seguro que nunca hubiera llegado por mí mismo.

Lo pasamos tan bien, que volvimos a quedar para tomar algo una noche en un bar de una zona alternativa de Brooklyn con una amiga suya.

La mejor parte de esta experiencia no fue lo que visité, sino lo que me contaba. Entre otras cosas, los planes que suele hacer con su grupo de amigos, dónde iba cuando era pequeña, por qué la gente se compra un perro en New York, etc. Ésta fue la verdadera experiencia y sin ninguna duda no pudo ser mejor. No solo nos lo pasamos genial, sino que mantenemos el contacto y ¡ella está pensando venir a mi ciudad!. Definitivamente, New York sería para mí una ciudad completamente distinta de no haber contactado con Rachel.

La Nueva York de Marcos

¿Qué significa para vosotros viajar de forma auténtica?

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A raíz de un post que leí hace un par de semanas, he estado informándome sobre la visión que diferentes viajeros tienen respecto a la autenticidad. Me he dado cuenta de que existen tantas definiciones de autenticidad como viajeros hay en el mundo.

Hay quien mide la autenticidad por la forma en la que se viaja o por el número de países a los que se haya viajado. Para unos, viajar de una forma auténtica significa viajar con una mochila a la espalda, dormir en hostales y comer solamente comida local. Hay otros como Helen Todd que piensan que la mayor diferencia de aquellos que viajan de una forma más o menos auténtica es la actitud.

Para mi la diferencia entre un viajero y un turista es la actitud. Me considero una viajera, pero cuando voy a Miami a pasar un par de semanas, definitivamente soy una turista, que solamente se preocupa por su moreno y por tener un buen libro para leer“. Fragmento sacado del post “Diferencias entre un viajero y un turista” escrito por Helen Todd.

También hay quien cree que este debate no merece la pena. Dan de Voyagner cree que lo más importante de todo no es buscar la autenticidad sino hacer aquello que te gusta sin ser necesario ponerle ningún tipo etiqueta.

El problema es que cada cual tenemos nuestras propias ideas sobre qué nos hace ser buenos viajeros, pero hay veces que esas ideas pierden el sentido. No intento ser diplomático, si quieres ver el mundo más hayá del punto de vista de un turista, tienes que vivir en primera persona aquello que te rodea, si no ¿qué sentido tiene?. A quién le importa que comas en un Mc Donald’s, lo que verdaderamente importa es, ¿estás consiguiendo aquello que verdaderamente buscabas con tus viajes?” Fragmento sacado del post “Los auténticos viajeros no comen en Mc Donalds” escrito por Dan.

En trourist tenemos nuestra propia definición de autenticidad. Pensamos que la autenticidad consiste en vivir aquellos momentos o lugares que hacen felices a la gente del lugar.

¿Cuál es vuestra opinión al respecto? ¿Qué consideráis vosotros viajar de forma auténtica?

Foto de Daniel Bachhuber

Cuatro joyas perdidas en la costa del Pacifico Mexicano.

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México es un país de contrastes. Al este, la calma del mar Caribe se ve interrumpida por el ajetreo de la exponencial explotación turística de su costa.  Por el oeste, la república se sumerge en el Océano Pacífico, cuya bravura suena a ironía. Sin embargo, la calma reina al poner pie en tierra firme.

Esta costa, la del pacífico mexicano, tiene una extensión de 1.700 kilómetros y se caracteriza por un escaso desarrollo turístico, a excepción de los núcleos turísticos desarrollados para el disfrute de los propios mexicanos: Puerto Vallarta, Puerto Escondido y, fundamentalmente, Acapulco.

Esta escasa explotación turística supone una excepcional oportunidad para los intereses de los viajeros inquietos por disfrutar de las playas de este bellísimo país, sin renunciar un ápice, al contacto con la gente local y la realidad que ésta vive.  Quiero compartir con vosotros cuatro joyas perdidas que un día encontré y que siempre guardaré conmigo:

Maruata: Formada por tres bahías, este lugar tiene una energía especial. Así lo creyeron en 1995 los miembros del grupo ambientalista “Rainbow” que llegaron a este mágico lugar desde todas partes de América. Desde entonces, en época de Semana Santa y Navidad se reúnen aquí multitud de jóvenes mexicanos que acampan en las humildes palapas y organizan fiestas clandestinas, rompiendo por unos días la tranquilidad que el resto del año sólo la brisa se atreve a quebrantar.

Nexpa: La segunda mejor playa de México para la práctica del surf, y la alternativa ideal para aquellos surfistas que huyan del bullicio de Puerto Escondido. Es un pueblo tranquilo, en el cual los lugareños ofrecen la posibilidad de alquilar pequeñas cabañas de madera en la misma playa. Un americano afincado en Nexpa desde hace años regenta un garito, donde la gente (en su mayoría surfistas), se reúne tras los increíbles atardeceres a charlar alrededor de unas chelas.

Mazunte: Sin duda, uno de los lugares más bonitos de la costa Oaxaqueña. Dormir en una hamaca bajo una palapa contemplando uno de los cielos estrellados más impresionantes que he visto en mi vida, es una opción más que buena. Sin embargo,  también existe la posibilidad de alojarse en cabañas ecológicas. Es conocido como uno de los principales lugares de desove de tortugas marinas de la república.

Zipolite: Un paraíso para aquellos que les gusta disfrutar de la libertad que brinda el prescindir del traje de baño. Esta playa se hizo famosa en los años 70 por ser la única playa nudista de México, y hippys de diferentes lugares venían hasta aquí. Hoy en día se sigue palpando ese espíritu, aunque existen bonitas y cómodas cabañas para aquellos que busquen una alternativa más cómoda a la acampada.

Playa Zipolite. Photo by: ScottHernandez

Nueva York contado por un neoyorquino

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Nueva York es una de esas ciudades a las que hay que viajar sí o sí. Una ciudad de contrastes, cosmopolita, que nunca te deja indiferente. Estuve dos días en septiembre de 2005 y una semana en mayo de 2008. Espero que la tercera vez no tarde mucho en llegar. ¿Algún directivo de Delta o Lufthansa que lea este blog y me quiera regalar un billete?

Para aprender un poco más sobre Nueva York, hemos pedido a Christopher que nos responda a unas preguntas. Christopher es un neoyorquino amigo de Trourist, que aunque lleva unos cuantos años en España ligado al mundo del cine y otros asuntos relacionados, no olvida la ciudad que le vio nacer y crecer.

P. Pregunta obligada, ¿qué echas de menos de no vivir en Nueva York?, ¿cómo de diferente es la vida en España?

R. Hecho de menos las pizzas al estilo neoyorquino, comer sabrosas hamburguesas en una cena griega (actualmente en peligro de extinción), Central Park, los diferentes museos que se hacen hueco en la ciudad, la infinita variedad de estupendos bares que hay por el centro, por la parte norte, por la parte sur, en otros municipios cercanos, en cualquier lado. Muy arriba en la lista están también el Shea Stadium (sí, soy seguidor de los Mets, ¡odio a los Yankees!) y el Garden (Madison Square Garden para los forasteros. Y sí, aunque sea consciente de que los Knicks son una auténtica mierda, están en lo más hondo de mi corazón). La lista de cosas que echo de menos es interminable, así que lo mejor es que pare aquí.

Desde mi punto de vista, la principal diferencia entre Nueva York y otras ciudades es LA ACTITUD: “fuck with me, I’ll fuck with you!” (algo así como un constante ojo por ojo y diente por diente, para lo bueno y para lo malo). Es algo que no se puede imitar. Se nace con ello, se va cultivando, hasta que, finalmente, lo posees.

P. Para algunos Nueva York es la ciudad de los rascacielos. Para otros la representación del sueño americano. También hay quienes se refieren a Nueva York como la ciudad que nunca duerme o la ciudad de las mil y una noches. ¿Qué significa Nueva York para alguien como tú que nació y vivió allí?

R. Nueva York es una especie de campamento militar, un campo de entrenamiento que te prepara para cualquier cosa, en cualquier lugar. Como dice Frankie (Sinatra) en su canción “New York, New York”: if you can make it here, you can make it anywhere (si lo puedes hacer aquí, lo puedes hacer en cualquier lado).

En Nueva York he sido atracado, linchado, insultado y amenazado. Sin embargo, esto es algo casi anecdótico, teniendo en cuenta la cantidad de experiencias que afrontas todos los días. Y tampoco he desempeñado siempre el papel de víctima. Nueva York te hace más fuerte, te hace mejorar tus reflejos y te enseña a no confiar nunca en nadie.

Por otro lado, siempre me gusta referirme a Nueva York como la segunda ciudad del mundo. Todos conocemos muy bien nuestra ciudad, pero Nueva York es la segunda ciudad que mejor conocemos. Esto se debe a que sobre ninguna otra ciudad se ha escrito tanto o se han hecho tantas películas. Es la Meca de los medios de comunicación, de las finanzas, de la moda, del deporte…. ¿Quieres que siga?

P. Por último, ¿qué recomendarías a aquellos viajeros que visiten Nueva York con la filosofía más Trourist?, ¿qué experiencias hacen de Nueva York una ciudad especial?

R. Como he dicho, los neoyorquinos tienden a vivir en el límite. Tienen que hacerlo. Son también desconfiados por naturaleza. Esta especie de armadura de acero, sin embargo, no les impide ser abiertos y amables. Nueva York siempre ha recibido a sus visitantes con los brazos abiertos, siempre dispuestos a echar una mano. Por tanto, si estás buscando una experiencia en Nueva York, te recomendaría hablar con la gente, todo tipo de gentes, y que tratases de encontrar el común denominador que les une a todas ellas. Después de eso, pídeles consejo sobre a dónde ir, que seguro sus recomendaciones dan en el clavo.

Acuerdo con SafeCreative

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Trourist ha dado un paso más para mejorar el servicio que presta a los viajeros. Y es que nos alegra poder comunicaros que hemos alcanzado un acuerdo con SafeCreative, registro líder a nivel mundial de propiedad intelectual. Gracias a este acuerdo, en los próximos meses, los usuarios de Trourist van a poder beneficiarse del mejor servicio de registro de propiedad intelectual en todas aquellas imágenes que compartan en Trourist.

Safe Creative es el primer registro mundial de propiedad intelectual, pero además, es global, libre, abierto, independiente y gratuito, creado en un entorno web, que permitirá a cualquier creador o titular de derechos dejar constancia de su obra mediante un depósito digital, y obtener una prueba válida para presentar en juicio por medio de un certificado de registro firmado electrónicamente.

Este acuerdo busca adaptar el servicio que presta Trourist a los nuevos retos que lanza internet. Sin duda, el reconocimiento de la propiedad intelectual va a ser clave en un entorno que no nos podemos imaginar de otra manera que no sea de cooperación entre personas (viajeros) y de compartición de contenidos (experiencias de viaje auténticas). Por lo tanto, en los próximos meses aquellos que queráis podréis registrar todas aquellas imágenes que formen parte de una experiencia a través de Trourist.

El hostal: territorio hostil para las víctimas del amor

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Los hostales son un excelente recurso para viajar a precios económicos y conocer viajeros de otras culturas y países, pero son un pésimo lugar para el amor de una noche. Sin duda, un enamoramiento de esos tan fugaces que surgen entre cervezas y tequilas son muy complicados de gestionar para quien duerme en un sitio en el que lo común es compartir habitación con seis, diez o trece personas más. Por hilar más fino aún, lo correcto sería decir que lo complicado no es tanto gestionar, sino consumar. Nos entendemos.

En un “inspirador” artículo que leí hace un tiempo en Brave New Traveler, se mostraban diferentes ideas para que tanto los recién atravesados por la flecha del amor como las parejas ya consagradas pero ávidas también de un buen revolcón, pudiesen calmar sus deseos sexuales dentro de un hostal. Como alternativas a un cómodo e íntimo lecho, se sugería la lavandería, el almacén de los productos de limpieza, la cocina, el tejado o los servicios. Cualquiera de las opciones anteriores puede valer para un momento de locura, siempre que no te importe ensuciarte la pantorrilla con restos de ketchup o restregarte entre detergente industrial para toallas.

Obviamente, todo es mucho más fácil cuando viajas de hotel. Aunque te acompañe algún amigo, siempre puedes apelar a la solidaridad y pedirle que se de un largo paseo para garantizarte un rato de intensa intimidad. Sin embargo, también es cierto que viajando de hotel es más complicado conocer gente y acabar con la posibilidad de tener sexo. Es la paradoja del viajero donjuán.

*Dicho esto, conviene aclarar que lo arriba expuesto no es la razón por la que decidimos hacer el ExperienceLess montados en una autocaravana.

Photo by: Jin’s diary 87

No dejar la suerte en manos del azar

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Desde nuestra manera de entender el viaje, las experiencias más enriquecedoras son aquellas que te llevan a vivir lo más autentico de cada ciudad, lo menos contaminado por ese tsunami de turistas al que pertenecemos por definición y que rechazamos por propia elección. El fin de nuestros viajes no es subir a lo más alto de la torre Eiffel; sin duda, lo que llena todos nuestros sentidos son cosas como cenar en ese pequeño restaurante al que sólo acude la gente del lugar, y que por la razón que sea, tiene algo muy especial en su interior.

Si vivir experiencias auténticas es lo que nos anima a viajar, ¿cuál es la mejor manera de dar con ellas?, ¿merece la pena planificar cada minuto de tu viaje o es mejor dejar todo en manos de la improvisación?

En mi opinión, un viaje totalmente planificado es la antítesis de lo que debe suponer un viaje: “a las nueve de la mañana hay que estar en tal sitio, a las diez y media tenemos que ir corriendo hacia el autobús para que nos dé tiempo a ir a otro sitio a veinte kilómetros, pero tampoco podemos quedarnos mucho allí porque hay un sitio para comer cerca del hotel que es delicioso”. Los viajes no son para soportar un ritmo de vida más estresante que el peor de nuestros días laborales. Además, ver mucho es sinónimo de vivir nada.

Lo que me parece innegable, es que todo viaje debe tener algo de improvisación: dejarte llevar, descubrir, experimentar, sorprenderte… Muchas de las mejores experiencias que he vivido, y no sólo durante nuestro ExperienceLess, han sido fruto de ese descubrir continuo con el que trato de recorrer las ciudades que visito.

Pero tampoco creo que debamos dejar la suerte en manos del azar. Un sano equilibrio entre planificación (tener algunas pautas sobre lo que queremos hacer) e improvisación (tener la actitud de estar dispuestos a perdernos) es la clave para vivir experiencias que duren para siempre en nuestro corazón.

Photo by: antxoa

(English) Tips for finding the cheapest flights (Q&A with Andoni Arandia)

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