Archivo: April 2010

Lomografía: Sacar fotos también es una experiencia

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La fotografía es un elemento importante en nuestros viajes. Mucho más allá del valor estético de nuestras “obras”, las fotografías inmortalizan momentos de disfrute, de descubrimiento, y que, una vez de vuelta a casa, nos ayudan a digerir todo lo vivido.

Los avances tecnológicos de la última década en materia fotográfica, han puesto a nuestra disposición cámaras ultraligeras y sencillas de utilizar, cuyo principal valor es la practicidad. Sin embargo, quiero hablaros de unas cámaras fotográficas cuyo valor no responde a este tipo de criterios, sino a uno mucho más humano y emotivo, como lo es la experiencia que supone inmortalizar momentos a través de ellas. Me refiero a las cámaras lomográficas.

Las lomográficas son unas de las cámaras analógicas más conocidas,  y cuyo origen lo encontramos a inicios de los 80 en la antigua Unión Soviética. Allí comenzaron a fabricarse unas cámaras de cuerpo robusto y con una lente defectuosa, cuyo resultado eran instantáneas sorprendentes, por la desviación en el enfoque y la alteración en el color que estas cámaras realizaban. Y es precisamente este defecto en la lente lo que provee a estas cámaras de una personalidad especial. El sacar una foto megapreparada ya no es lo importante, sino que lo que se espera de una cámara lomográfica es que te sorprenda. El resultado son imágenes donde objetos cotidianos destacan y se resaltan detalles que normalmente pasarían inadvertidos.

A inicios de los 90, un grupo de estudiantes vieneses descubrieron estas cámaras durante un viaje a Praga y a raíz de ahí se comenzó a desarrollar una numerosísima comunidad de lomógrafos, cuyos ejes principales son la creatividad y la espontaneidad en la fotografía, tal y como lo demuestran sus Diez Reglas de Oro.

En la actualidad puedes encontrar reproducciones de aquellas cámaras Soviéticas, de todos los colores que puedas imaginar,  en sus “embajadas” ( es así como llaman a sus tiendas) repartidas por todo el mundo.

ExperienceLess en Rio: Cómo ser un carioca

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Dos de los trouristas más convencidos de la comunidad (Oiana y Mikel) han tenido la oportunidad de vivir Brasil durante un mes antes de marchar a Sudáfrica para medio año. Durante su estancia no desaprovecharon la ocasión para vivir la fiesta del pre-carnaval como dos cariocas más y no dudaron en sentarse en la playa de Rio en busca de experiencias auténticas. Aquí tenéis el vídeo de su aventura como ExperienceLess:

Envidia sana, ¿verdad? Disfrutad al máximo de vuestra nueva aventura por tierras africanas y esperamos tener noticias vuestras desde Capetown.

Cinco consejos para ligar en un viaje

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Ligar nunca debería estar entre los motivos principales por los que un viajero decide emprender una nueva aventura, pero tampoco me parece que ser viajero deba implicar una total renuncia al juego del flirteo. Es por eso que comparto con vosotros cinco de los más efectivos consejos para ligar durante un viaje:

1. Alójate en hostales baratos y apúntate a las salidas nocturnas que se organicen. Si mezclas alcohol y gente joven siempre puede haber suerte. Eso sí, asegúrate que el hostal barato en el que estás tenga habitaciones privadas libres esa noche.  Aunque si no es así siempre podrás seguir los consejos que en su día compartí para practicar sexo en hostales.

2. Evita las discotecas más elitistas. Si buscas buenas vistas, vestimenta elegante y consumiciones a 15 euros, ir a los sitios supuestamente más cool es quizás la mejor opción. Pero la experiencia me dice que la gente que frecuenta estos lugares va más a estar y lucirse, que a divertirse e intentar ligar.

3. Diferénciate de la “competencia”. Aprovechando que estás de vacaciones, sal de fiesta algún día entre semana. Habrá menos gente, menos posibilidades de éxito en teoría, pero en la práctica seguro que conoces gente muy interesante y sin la necesidad de “luchar” con más personas por su atención.

4. No seas pesado con tus escasos conocimientos lingüísticos. No creas que por saber una frase en el idioma de la persona con la que quieres acabar la noche, y repetirla hasta la extenuación, vas a parecer mucho más divertido. Uno de los ejemplos más típicos es el de “voulez vous coucher avec moi ce soir” para chicos o chicas de habla francesa. Aburre. Lo que conquista son las conversaciones interesantes.

5. Luce una de las primeras cien camisetas que hemos diseñado el equipo Trourist. ¿Qué chico o chica puede evitar rendirse ante todo lo que representa alguien que viste la Route 66 Trourist Tee? ; ) ; ) ; )

Ya puedes vestir tu camiseta Trourist!!

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En 1977 Milton Glaser realizó para el departamento de turismo de la ciudad de New York un diseño que expresaba, con una simpleza visual abrumadora, la admiración que esta ciudad produce en todo aquel que se deja impregnar por su esencia.

Este diseño, realizado por Glaser Pro Bono Público, es decir, como donación altruista a su ciudad, ha trascendido hasta tal punto que, aún actualmente, miles de personas, neoyorquinas o no, lo lucen cada día en su ropa. Esto lo ha convertido en uno de los diseños más relevantes del siglo XX.

Desde entonces, muchos mensajes se han transmitido a través de la combinación de la American Typewriter y el corazón rojo. Nosotros también hemos querido que ese espíritu de Glaser esté presente en nuestro primer diseño de camiseta. Sin embargo, le hemos impartido nuestra propia personalidad.

Para ello hemos sustituido el corazón de Glaser por la silueta de la señal de la romántica Ruta 66. Cuando hablamos de la ruta 66, lo que menos importancia tiene es que durante décadas ha sido la unión por carretera entre el Este y el Oeste de los Estados Unidos, sino que representa la inquietud de una generación inconformista por cambiar los valores de la América de los 50: La generación Beat, magistralmente plasmada por Jack Kerouac en la novela On The Road. Por todo esto y por la aventura intrínseca que representaba esta carretera que tantos Road trips ha inspirado, necesitábamos “la Ruta” en nuestra camiseta.

Si quieres hacerte con una, por tan sólo 15 €, nosotros te la haremos llegar a cualquier punto del planeta. Escríbenos a hello@trourist.com con tu nombre y dirección postal con el asunto: Route 66 tee.

¿Qué aprendería al dar la vuelta al mundo?

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Hay personas que dan la vuelta al mundo porque están cansadas de su trabajo y de la rutina del día a día. Otros que piensan que puede ser una buena oportunidad para conocerse mejor y buscarle sentido a su vida. Hay, en cambio, quienes viajan por el mero hecho de vivir una aventura continua. Existen muchos motivos y todos igual de válidos para dar la vuelta al mundo, pero todas las personas tienen algo en común: saben que a cada paso que den van a aprender cosas nuevas.

Desde que era un niño he soñado muchas veces con dar la vuelta al mundo y espero que más tarde que nunca este sueño se haga realidad. Y cuando sueño con este viaje, siempre me pregunto qué es lo más importante que aprendería.

Al conocer gente tan distinta a mí, pienso que aprendería a vivir la vida con una filosofía diferente, quizás valorando aún más aquellas personas que me rodean y las comodidades con las que cuento. Puede que me sirviera para conocerme mejor, ya que un viaje de este tipo siempre te sorprende con situaciones límite. Incluso pienso que me sería beneficioso para abrirme más a la gente.

Esta pequeña reflexión me hace pensar que las lecciones que una persona aprende de una experiencia como ésta, al ser tan personales, son muy diferentes incluso de la persona que le acompaña. Espero que aquellos que estéis viajando o hayáis viajado a lo largo y ancho del mundo compartáis con nosotros aquello que hayáis aprendido. Seguro que vuestros comentarios nos inspiran a aquellos que todavía no hayamos dado el paso.

Photo by Kieran001

HACIA RUTAS SALVAJES

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En Abril de 1992, un joven de una adinerada familia de la Costa Este llegó a Alaska haciendo autostop y se adentró en los bosques situados al norte del monte McKinley. Cuatro meses más tarde, una partida de cazadores de alces encontró su cuerpo en estado de descomposición, fruto probablemente de una intoxicación.

El joven se llamaba Chris McCandless y su “aventura” había comenzado en el verano de 1990. Tras graduarse en la Universidad Emory de Atlanta, McCandless desapareció. Cambió de nombre, donó a una organización humanitaria los 24.000 dólares que guardaba en su cuenta corriente, abandonó la mayor parte de sus pertenencias, y quemó todo el dinero que llevaba en sus bolsillos.  Desconfiaba del valor de las cosas que se obtenían con facilidad. Luego, se inventó una nueva vida y anduvo vagando por América del Norte en busca de experiencias nuevas y trascendentes. Su familia no supo nada de su paradero hasta que sus restos aparecieron en Alaska.

La historia de McCandless no estuvo exenta de polémica. Mientras algunos lo idolatraron como un intrépido idealista cuyo objetivo era explorar el contenido de su propia alma, otros lo acusaron de ser un loco egoísta que no sólo arruinó su propia vida sino que provocó mucho sufrimiento entre los que más le querían. Yo no me atrevo a declinarme por una de las dos corrientes de opinión, pero lo que sí creo es que el ser humano siempre ha tenido ese espíritu nómada que ejerció McCandless. Establecerse en una ciudad y echar raíces es algo que venimos haciendo desde relativamente poco tiempo teniendo en cuenta toda la Historia de la Humanidad. McCandless sólo quiso ser como nuestros antepasados.

Si queréis saber más sobre la vida de Chris McCandless os recomiendo que leáis “Hacia rutas salvajes”, un libro entretenido, de fácil lectura y que invita a la reflexión.