HACIA RUTAS SALVAJES
En Abril de 1992, un joven de una adinerada familia de la Costa Este llegó a Alaska haciendo autostop y se adentró en los bosques situados al norte del monte McKinley. Cuatro meses más tarde, una partida de cazadores de alces encontró su cuerpo en estado de descomposición, fruto probablemente de una intoxicación.
El joven se llamaba Chris McCandless y su “aventura” había comenzado en el verano de 1990. Tras graduarse en la Universidad Emory de Atlanta, McCandless desapareció. Cambió de nombre, donó a una organización humanitaria los 24.000 dólares que guardaba en su cuenta corriente, abandonó la mayor parte de sus pertenencias, y quemó todo el dinero que llevaba en sus bolsillos. Desconfiaba del valor de las cosas que se obtenían con facilidad. Luego, se inventó una nueva vida y anduvo vagando por América del Norte en busca de experiencias nuevas y trascendentes. Su familia no supo nada de su paradero hasta que sus restos aparecieron en Alaska.
La historia de McCandless no estuvo exenta de polémica. Mientras algunos lo idolatraron como un intrépido idealista cuyo objetivo era explorar el contenido de su propia alma, otros lo acusaron de ser un loco egoísta que no sólo arruinó su propia vida sino que provocó mucho sufrimiento entre los que más le querían. Yo no me atrevo a declinarme por una de las dos corrientes de opinión, pero lo que sí creo es que el ser humano siempre ha tenido ese espíritu nómada que ejerció McCandless. Establecerse en una ciudad y echar raíces es algo que venimos haciendo desde relativamente poco tiempo teniendo en cuenta toda la Historia de la Humanidad. McCandless sólo quiso ser como nuestros antepasados.
Si queréis saber más sobre la vida de Chris McCandless os recomiendo que leáis “Hacia rutas salvajes”, un libro entretenido, de fácil lectura y que invita a la reflexión.

by Ferhuert
"Existen también aquellos turistas a los que no les agrada el bullicio y prefieren disfrutar de u"