Archivo: September 2010

Encantados de presentar la Moleskine edición Trourist

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Hoy tenemos una excelente noticia que compartir con todos vosotros: la presentación de la Moleskine edición Trourist (fruto de una colaboración especial entre ambas marcas). Como habréis podido comprobar en más de una ocasión, en Trourist somos muy fans de Moleskine. No sólo por tratarse de cuadernos de notas ágiles y elegantes, sino por representar la filosofía de quienes recorren la vida interesándose por las cosas, con afán de descubrir y de experimentar. Artistas e intelectuales de los dos últimos siglos, como Hemingway o Matisse, tuvieron a estos cuadernos como fieles acompañantes. En la actualidad, las Moleskine son fuente de inspiración de viajeros como nosotros.

Y ahora lo importante. ¿Cómo podéis conseguir uno de estos cuadernos que abajo os presentamos y que esperamos os gusten? De momento, hay dos formas de hacerse con uno de estos pequeños objetos de inspiración:

-Compartiendo en Trourist las experiencias más especiales que hayáis vivido este verano. Las cinco mejores experiencias compartidas antes del 27 de octubre tendrán como premio una de las Moleskine edición Trourist.

-Estando atentos a la página de Trourist en Facebook. Durante las próximas semanas, haremos varias preguntas relacionadas con el mundo del viaje y sortearemos varios cuadernos entre todos los participantes. Así que, si todavía no eres fan de Trourist en Facebook, hazlo para poder participar.

¡Invierte en viajar! ¡Rentabilidad superior a la media del mercado!

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Cuando a alguien se le pregunta qué haría si le tocase un premio en la lotería y responde que gastárselo en ropa o en fiestas, me da mucha pena. Viajar es la más perfecta combinación de diversión y aprendizaje. Un aprendizaje que sirve tanto para tu vida personal como para tu vida profesional.

Nadie me discutirá que viajar ayuda a crecer como persona. Cuando recorremos países extranjeros conocemos otras culturas, otras costumbres, otras formas de pensar, pero también comprobamos todo lo que nos une. Viajar sirve para eliminar estereotipos y convertirnos en más tolerantes. La ignorancia y el desconocimiento suele ser caldo de cultivo para el fanatismo.

Pero viajar tiene también múltiples ventajas para nuestra vida profesional. La más importante es que nos da la posibilidad de ver muchas cosas diferentes, desde productos que no existen en nuestro país hasta formas novedosas de hacer publicidad. Cuando viajamos somos unos auténticos trend hunters. Pero, además, viajar sirve para mejorar nuestra expresión oral en idiomas extranjeros, hacer contactos interesantes, romper la rutina…

Por eso, me parece formidable que en algunos países, sobre todo en los anglosajones, se fomenta entre los jóvenes la idea de un año sabático antes de empezar la Universidad o justo después de acabar los estudios. Es una inversión muy rentable. La gente ve normal gastarse 10.000 euros en un coche, pero no en un viaje que te puede cambiar la vida (a mejor).

¿Cómo será viajar en el futuro?

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Muchas veces me paro a pensar, ¿cómo será viajar en el futuro? Contaminado por alguno de los clásicos del cine de ficción, me imagino naves sobrevolando edificios, máquinas de teletransportación… Pero de lo que voy a hablar hoy es de un futuro muy cercano, tan cercano que ya es presente en alguno de los casos.

Sin necesidad de movernos del salón, enfrente de una gran pantalla de plasma, podremos “estar” en cualquier sitio del planeta. Recorreremos sus calles, el interior de los edificios, o sus museos con una calidad de imagen, paradójicamente, mejor que la realidad. Incluso tendremos aparatos que simularán las mismas condiciones climáticas o de ambiente que las existentes en la realidad.

Los que se sigan animando a volar, tendrán la posibilidad de utilizar todo tipo de objetos inteligentes (teléfonos, gafas, lentillas…) que permitirán una virtualización amplificada de todo lo que nos rodea. Según vayamos andando por la calle o por el interior de un edificio, tendremos acceso a todo tipo de información: qué hicieron mis amigos cuando visitaron esa ciudad en el pasado, en qué puntos de la ciudad hay más gente ahora mismo…(algo parecido a lo que se explica en el siguiente vídeo).

En cualquiera de los casos, tanto si estás en casa como en el destino, cualquier punto del mundo se convertirá en múltiples cosas si utilizamos el factor tiempo. Es decir, podremos retroceder y revivir momentos ocurridos en el pasado. Así pues, quienes sólo viajan por el mero hecho de ver, podrán ahorrarse mucho dinero en transporte y quedarse en sus casas.

Pero el verdadero reto estará en poder vivir emociones y experiencias. Por mucho que podamos interactuar en nuestra casa con un holograma con forma da cocinero japonés que nos enseñe a hacer el sushi más auténtico, o que un robot con pinta de humano nos lleve al rincón más paradisiaco, la magia del viajar nunca se podrá sustituir. Las nuevas tecnologías ayudarán a que sepamos más, a que aprovechemos mejor nuestro tiempo, pero nunca podrán superar el encanto de una conversación improvisada con el cocinero de un pequeño restaurante japonés en Tokyo o las risas que puedes hacer con una vendedora de collares en una playa de Rio de Janeiro . Viajar siempre será mucho más que ver.

Qué NO hacer en Euskadi

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Aunque me haya mostrado siempre como adalid de la improvisación y la libertad de elección cuando viajamos, como vasco me atrevo a compartir 5 cosas que no os recomiendo hacer si viajáis por estas tierras (algunas de las que considero más importantes). Son opiniones personales, que tienen la categoría de humildes consejos, y no de verdades universales:

Centrarte únicamente en Bilbao y San Sebastián. La geografía vasca es tan bonita como pequeña, así que alquilando un coche, incluso utilizando transporte público, podrás disfrutar de preciosidades como Getaria, Hondarribia o Lekeitio sin perder mucho tiempo en la carretera. Además, las grandes ciudades siempre son más estándar que los pueblos pequeños. Es en estos últimos en los que se aprecian las verdaderas diferencias entre pueblos y culturas.

Cenar o tomar algo en alguna cadena o franquicia. En Euskadi hay cientos de bares y restaurantes con encanto, ¿de verdad quieres renunciar a ello e ir al mismo sitio al que podrías ir en tu ciudad? No lo creo.

Ir a cenar antes de las 9 de la noche. La mayoría de restaurantes abre antes de esa hora, y te darán de cenar sin problemas, pero, ¿a quién le gusta estar sólo en un restaurante? Yo lo detesto. Además, ir tan pronto no te permite aplicar la norma número uno a la hora de elegir dónde cenar: entrar sólo donde haya mucha gente.

Pagar por entrar en una discoteca. Hay muchos sitios en los que acabar bien la noche sin la necesidad de pagar 15-20 euros por entrar. Por ejemplo, en San Sebastian se puede ir a Le Bukowski o al Be Bop.

Y para los más implicados con la vida nocturna…. beber patxaran como si fuera cerveza. El patxaran es un licor típico de Euskadi, que entra fácil cuando está frío, que gusta, pero que te deja borracho como una cuba y una cruel resaca al día siguiente. Hago este aviso por experiencias pasadas con amigos de otros países que han venido por aquí de visita.

Excéntricos soberanos para diminutos territorios.

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¿Alguno de vosotros conoce o ha estado en el Principado de Hutt-River, en el Imperio Copeman o en el Dominio de Melziquedek? Aunque haya muchos ávidos viajeros entre nuestros lectores, seguramente estos nombres no os suenen a nada. Se trata de micronaciones: destinos que sólo aparecen en los mapas más estrafalarios.

Las micronaciones son pequeñas entidades autoproclamadas como estados soberanos independientes, pero que no tienen ningún tipo de reconocimiento legal. Quienes crean micronaciones lo pueden hacer por diferentes motivos: como truco publicitario, expresión artística, protesta política… pero lo que más me intriga son aquellas micronaciones que son creadas como entretenimiento personal de un excéntrico personaje que se autoproclama rey y empieza a repartir títulos nobiliarios, crear simbología… Tiene su gracia.

Algunas de las micronaciones más “famosas” son las dos siguientes:

Principado de Hutt-River: en el año 1970 un granjero del oeste de Australia peleado con el gobierno, se acogió a una antigua ley del siglo XV y se independizó, pasando a ser el príncipe Leonard I. Actualmente vive del turismo y de los souvenirs.

Sealand: se trata de una plataforma marina construida durante la II Guerra Mundial por la Royal Navy. Fue ocupada el 2 de septiembre de 1967 por Paddy Roy Bates, quién se acuño para sí mismo el nombre de Su Alteza Real Príncipe Rey de Sealand. Pese a su pequeño tamaño (550 m2), Sealand es una de las micronaciones más conocidas, debido a sus disputas con el Reino Unido, que reclamaba la plataforma como suya por encontrarse en sus aguas territoriales.

Si estás harto de tu país y quieres emigrar a uno de estos estrambóticos destinos, te dejo una lista de micronaciones para todos los gustos y colores. Si lo que prefieres es liderar la formación de un nuevo enclave, también hay información para saber cómo hacerlo. Sea cual sea tu decisión, ¡mucho ánimo! ; )

Pintxos, autenticidad y alguna recomendación

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Hoy toca hablar de “pintxos”, uno de los principales reclamos turísticos de Euskadi, y especialmente, de San Sebastián. Para los que no lo sepan, los “pintxos” son pequeñas rebanadas de pan sobre las que se coloca una pequeña ración de comida. Las opciones son infinitas: desde un trozo de tortilla de patata, hasta algo más elaborado como una crema de centollo y pimientos del piquillo. Lo que más suele llamar la atención a los turistas es ver las barras de los bares llenas de estas pequeñas elaboraciones gastronómicas.

Como autóctono, tengo que decir que ir de “pintxos” no es algo que haga de forma habitual. De hecho, sólo lo hago cuando recibo la visita de algún amigo que no es de San Sebastián, y que me lo pide expresamente. Así pues, cuando tenemos visita, hacemos cosas “típicas” que sólo hacemos cuando tenemos visita. Menuda paradoja, ¿verdad? La principal razón por la que no voy de “pintxos”, es que la mayoría de los bares cobran un precio abusivo, y ofreciendo, a veces, una calidad no óptima. También es bastante paradójico que algo supuestamente típico tenga precios tan elevados (entendiendo típico como algo que la gente del lugar disfruta con asiduidad).

Por tanto, los “pintxos” no me parecen algo tan típico, aunque sí que pueden ser algo muy especial si vas al lugar adecuado. Algunos de estos lugares especiales son el Alustiza y su “Gavilla”, el Zeruko y su “Hoguera” o el Goiz Argi y su “Brocheta de gambas”. ¿Más lugares especiales que os vengan a la cabeza y que os animéis a compartir en trourist?