Categoría: Thoughts

Local Travel

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Un trourista no viaja para desconectarse del mundo sino para conectarse a él. El principal objetivo de Trourist ha sido siempre, y será, el de facilitar que viajeros de todo el mundo puedan vivir las experiencias más especiales y auténticas de cada ciudad. En la mayoría de las ocasiones, ello implica visitar pequeños negocios regentados por locales o, mejor aún, vivir la ciudad de la mano de alguien del lugar. A esto se le llama Local Travel, y nos parece la forma más auténtica, divertida y enriquecedora de conocer los destinos a los que viajamos.

Además, este tipo de viaje tan alejado del negocio de las grandes empresas touroperadoras, es mucho más responsable. Por un lado, favorece una distribución más equitativa del dinero proveniente del turismo entre las personas del lugar. Por otro lado, permite a los locales transmitir su cultura y sus costumbres tal como son, sin interferencias o maquillajes de terceros.

En definitiva, nos encanta el Local Travel por lo que nos aporta a nosotros y a las comunidades de destino. Por eso, estamos orgullosos de anunciar una colaboración con Local Travel Movement, una plataforma que intenta incentivar esta forma de viajar. Si queréis saber más sobre este movimiento, o si os interesa conocer iniciativas que os permitan conectar con gente y negocios locales, podéis visitar su sitio web.

Cuatro experiencias que no viví (pero viviré)

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Por muy intensamente que vivas un destino siempre queda alguna espina clavada en tu corazón viajero. Ese rincón que no llegaste a descubrir. Esa experiencia que no tuviste tiempo de vivir. Esa aventura que no te atreviste a experimentar. En mi caso, las siguientes son algunas de estas espinas:

1. Una excursión de varios días recorriendo a pie los rincones más salvajes del Gran Cañón del Colorado. Aunque desde lo alto del Cañón la vista sea una de las más impresionantes del mundo, adentrarse en las gargantas rocosas durante unos días me parece la mejor manera de sentirse parte de dicha creación. Caminar alejado de la civilización, dormir con las estrellas como único amparo.

2. Conocer el interior de Cuba y sus gentes. La Habana es una ciudad sensual, divertida y evocadora, pero tengo la sensación de que el turismo ha contaminado algo la espontaneidad de sus gentes. Sin quererlo, los habaneros hablan casi siempre intentando equilibrar lo que realmente piensan y lo que el viajero quiere escuchar. Aún y así es una experiencia que merece mucho la pena, pero que me gustaría complementar con un viaje al interior de Cuba, por los poblados en los que vive la gente que se dedica a la caña de azúcar. Ya sea en tren, en coche o en bici, el viaje de La Habana a Santiago tiene que ser una orgía de experiencias inolvidables.

3. Una fiesta alocada en una isla croata. La costa croata es una auténtica preciosidad, un paraíso en el que el azul intenso de las aguas del Adriático realza la belleza de sus pequeñas calas exóticas y sus incontables pueblos de pescadores en los que tantas civilizaciones dejaron su impronta. En resumen, un lugar perfecto para perderse y relajarse. No obstante, esto es combinable con una breve escapada a islas como la de Hvar, llena de jóvenes dispuestos a aprovechar al máximo sus vacaciones. Islas abiertas hasta el amanecer.

4. Coger un olón en Pipeline (Hawaii). La playa de Pipeline, en la isla de Oahu, es una playa salvaje de una belleza espectacular, perfecta para pasar un buen día. Pero además, es uno de los templos del surf, sólo accesible para los más expertos de este deporte debido a sus inmensas olas y peligrosos arrecifes. Sin duda, sería increíble sentir algún día el éxtasis que tiene que suponer montarse en una de las muchas olas gigantes que día tras día, especialmente entre diciembre y marzo, rompen en la orilla de Pipeline. Aunque, sinceramente, más que una espina clavada, esto es una gigante utopía.

¿Y vosotros? ¿Cuál es esa espina que tenéis clavada en vuestro corazón viajero?

¿Qué aprendería al dar la vuelta al mundo?

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Hay personas que dan la vuelta al mundo porque están cansadas de su trabajo y de la rutina del día a día. Otros que piensan que puede ser una buena oportunidad para conocerse mejor y buscarle sentido a su vida. Hay, en cambio, quienes viajan por el mero hecho de vivir una aventura continua. Existen muchos motivos y todos igual de válidos para dar la vuelta al mundo, pero todas las personas tienen algo en común: saben que a cada paso que den van a aprender cosas nuevas.

Desde que era un niño he soñado muchas veces con dar la vuelta al mundo y espero que más tarde que nunca este sueño se haga realidad. Y cuando sueño con este viaje, siempre me pregunto qué es lo más importante que aprendería.

Al conocer gente tan distinta a mí, pienso que aprendería a vivir la vida con una filosofía diferente, quizás valorando aún más aquellas personas que me rodean y las comodidades con las que cuento. Puede que me sirviera para conocerme mejor, ya que un viaje de este tipo siempre te sorprende con situaciones límite. Incluso pienso que me sería beneficioso para abrirme más a la gente.

Esta pequeña reflexión me hace pensar que las lecciones que una persona aprende de una experiencia como ésta, al ser tan personales, son muy diferentes incluso de la persona que le acompaña. Espero que aquellos que estéis viajando o hayáis viajado a lo largo y ancho del mundo compartáis con nosotros aquello que hayáis aprendido. Seguro que vuestros comentarios nos inspiran a aquellos que todavía no hayamos dado el paso.

Photo by Kieran001