Categoría: Travel Humour
Hay una pregunta para la que no tengo una respuesta muy clara y que seguro a todos nos ha preocupado alguna vez: ¿es posible ser sexy cuando viajamos? Obviamente, no me refiero al típico viaje de fin de semana a Londres al que llevas maleta y media por persona, sino a viajes de una duración de semanas o incluso meses.
Estos son algunos consejos que se me ocurren, pero agradecería vuestra ayuda:
- Haz la mochila con inteligencia. Es decir, no metas ropa delicada que acabe más arrugada que un Kleenex usado, siendo consciente de que vas a tener que hacer y deshacer la mochila en infinidad de ocasiones. Y no, no pienses que vas a tener tiempo para tintorerías, ni caprichos innecesarios de esa guisa. Trata, además, de meter ropa fácil de combinar, porque aunque tu gran camiseta roja te queda bien con la sudadera negra, algún día te la tendrás que poner con una cazadora verde y te quedará fatal.
- Huye del bañador como de la peste. El bañador, como su propia nombre indica, es para bañarse, es decir, para ir a una playa, una piscina… En el resto de casos, es una prenda totalmente exenta de sex appeal. Además, ni siquiera es una prenda cómoda.
- Juega con los complementos. Puedes llevar contigo algunos elementos (un reloj vistoso, un cinturón elegante…) que sugieran, que aunque de viaje no vistas tus mejores galas, tienes pinta de tener un estilo muy sexy en tu día a día normal. Además, algunos elementos, como un sombrero moderno, bien llevado, pueden asociarte a un tipo de personalidad especial, con carácter. Todo un elemento diferenciador.
- Viaja a donde sea verano. Lo que mejor puede arreglar que tu vestimenta no sea perfecta, es que luzcas un buen moreno. Toda persona gana en atractivo cuando su piel toma tonos más oscuros, así que sal a la calle y recoge, con protección y prudencia, esos rayos que nos regala el sol.
De todas formas, no olvidéis que el verdadero atractivo de las personas está en su interior, así que lo escrito en este post no os lo toméis nada en serio ; )
¿Conseguiremos viajar en el tiempo? A día de hoy parece improbable, pero supongo que lo mismo pensarían los hombres de las cavernas respecto a viajar al espacio. Todo es siempre imposible hasta que sucede. Aunque también hay razones para pensar lo contrario. Como bien apuntó Stephen Hawking, si en el futuro se llegara a encontrar la forma de viajar al pasado, ¿por qué no nos están invadiendo hoy turistas del futuro?
Viajar al pasado podría ser bueno o malo dependiendo de cómo intentasen reescribir la historia quienes viajasen allí. Lo mismo alguien convence a Hitler para que se dedique a difundir la cultura judía por Occidente, evitando así los millones de muertos producidos en la Segunda Guerra Mundial, como otro viajero introduce a John Lennon en el mundo del techno, dejándonos sin los excelentes sonidos de los Beatles.
Aunque los problemas de viajar al pasado no acaban aquí, pues se podrían dar paradojas temporales como la conocida “del abuelo”. Un hipotético caso en el que un viajero vuelve al pasado para matar a su propio abuelo, debido a lo cual uno no existiría, y por tanto no podría viajar. Viajar al pasado tiene más implicaciones que las meramente tecnológicas, como bien podéis comprobar.
Viajar al futuro es mucho más fácil. Sólo tienes que sentarte y esperar, pues nuestra posición en el tiempo está constantemente cambiando. Eso si exceptuamos a un tipo sueco que viajó al futuro metiéndose por debajo del fregadero de su cocina y encontrándose con él mismo, pero obviamente, envejecido. Lo explica en el siguiente vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=qBUv4j3DINE
La semana pasada estuvimos en Barcelona en un workshop de emprendedores. Conocíamos de este verano el Centric Point Hostel, y como nos había gustado mucho por sus instalaciones y ambiente, no dudamos en hospedarnos allí. Pero cuando no estás en modo viaje, dormir en un hostal tal vez no sea la mejor opción. A continuación os describo una de las noches más complicadas:
23:37 Llegamos a nuestro cuarto. Tiene seis camas. En una de ellas, una chica de Hong Kong ya está en pleno sueño. Preparamos nuestros sacos y nos colocamos cada uno de nosotros -Mikel, Jokin y yo- en su respectiva cama. Parece que va a ser una noche tranquila, y así debe de ser, pues el día siguiente está cargado de importantes reuniones.
23:45 Pongo la alarma para las siete de la mañana y apago el teléfono. Estoy rendido y no tardo en cerrar los ojos y dormirme.
23:52 Dos nuevos compañeros irrumpen en la habitación. Aunque son sigilosos, me despierto. No parece que vaya a tener problemas en volverme a dormir, sólo es cuestión de esperar a que se duerman y el silencio vuelva a reinar en la habitación.
00:03 Nuestros nuevos compañeros se duermen. Pero mi pronóstico falla. Lejos de reinar el silencio, lo que reina es el ruido provocado por los ronquidos que nuestros nuevos compañeros emiten sin tregua alguna. No exagero si digo que, de haber un medidor, el ruido en la habitación alcanzaría fácil los 140 decibélios.
00:16 No me quiero cabrear. Les doy un voto de confianza y pienso que seguramente sean ronquidos pasajeros. Me tapo los oídos con los dedos, pero no me parece una postura muy sostenible para pasar la noche. Pruebo a taparme la cabeza con la almohada, y aunque frena algo el ruido, sigue siendo imposible dormir.
00:29 Esto empieza a ser una tortura. Miro a Mikel y a Jokin y están igual de desesperados y despiertos que yo. No nos queda más alternativa, tenemos que actuar. Empezamos con el típico “nac, nac, nac” que supuestamente ahuyenta los ronquidos. Pero por mucho que subamos el volumen de nuestros “nacs”, no hay forma de despertarles y hacerles ver que así es imposible dormir.
00: 46 A todo esto, se escuchan varios puñetazos contra la pared provenientes de la habitación contigua. No estamos solos en esta lucha, aunque los resultados siguen siendo nulos.
01:45 Ya casi han pasado dos horas desde que comenzó este calvario y las dos macabras máquinas de hacer ronquidos siguen funcionando a pleno rendimiento. Por muchos ruidos que hagamos, no los despertamos ni con una alarma nuclear.
02:06 Lo que faltaba. Para más inri, empiezan a revolotear por el pasillo adolescentes finlandesas con signos inequívocos de haber salido de fiesta. Portazos. Gritos. Más gritos. Esto es un infierno.
02:35 Estoy desesperado. Enfadado. Nervioso. Agresivo. A este paso voy a pasar la noche en vela. Y al día siguiente tenemos una larga e intensa jornada de trabajo. Llega la hora de tomar decisiones drásticas. Saco a relucir mi carácter más impulsivo. Me cojo el saco, la cartera, el móvil, y me decido a ir a recepción y reservar una habitación sólo para mi. Me da igual lo que cueste.
02: 40 Empiezo a bajar las escaleras. Cuando llego al primer piso veo que hay un grupo de chicas en recepción. Me miro al espejo y me veo en pijama, con un saco de dormir rodeando mi cabeza, y con la cartera y el móvil en la mano. Reflexiono. Me tomo mi tiempo. Veo que las chicas no se van, y por muy desesperado que esté, no quiero que me vean así y piensen que estoy loco. Así que vuelta para la habitación. Misión abortada.
02: 57 Mi última estratagema, y que Jokin imita, es dormirme con música. El álbum de éxitos de Simon&Garfunkel me ha dado buenos resultados desde pequeño, así que no arriesgo. Según avanzan las canciones, la ira se me va consumiendo y el sueño alcanzando. Consigo dormirme, paradójicamente, mientras escucho The Sound of Silence. Todo un clásico.
07:00 Suena la alarma del móvil. Me muero de sueño, y además, tengo la cabeza como un bombo después de haber estado escuchando a Simon&Garfunkel durante cuatro horas. Empieza un nuevo día. Así es la vida.
PD: En mi opinión, la gente que ronca tanto debería tener la decencia de no dormir en habitaciones compartidas. Por el bien de la sociedad.
Ligar nunca debería estar entre los motivos principales por los que un viajero decide emprender una nueva aventura, pero tampoco me parece que ser viajero deba implicar una total renuncia al juego del flirteo. Es por eso que comparto con vosotros cinco de los más efectivos consejos para ligar durante un viaje:
1. Alójate en hostales baratos y apúntate a las salidas nocturnas que se organicen. Si mezclas alcohol y gente joven siempre puede haber suerte. Eso sí, asegúrate que el hostal barato en el que estás tenga habitaciones privadas libres esa noche. Aunque si no es así siempre podrás seguir los consejos que en su día compartí para practicar sexo en hostales.
2. Evita las discotecas más elitistas. Si buscas buenas vistas, vestimenta elegante y consumiciones a 15 euros, ir a los sitios supuestamente más cool es quizás la mejor opción. Pero la experiencia me dice que la gente que frecuenta estos lugares va más a estar y lucirse, que a divertirse e intentar ligar.
3. Diferénciate de la “competencia”. Aprovechando que estás de vacaciones, sal de fiesta algún día entre semana. Habrá menos gente, menos posibilidades de éxito en teoría, pero en la práctica seguro que conoces gente muy interesante y sin la necesidad de “luchar” con más personas por su atención.
4. No seas pesado con tus escasos conocimientos lingüísticos. No creas que por saber una frase en el idioma de la persona con la que quieres acabar la noche, y repetirla hasta la extenuación, vas a parecer mucho más divertido. Uno de los ejemplos más típicos es el de “voulez vous coucher avec moi ce soir” para chicos o chicas de habla francesa. Aburre. Lo que conquista son las conversaciones interesantes.
5. Luce una de las primeras cien camisetas que hemos diseñado el equipo Trourist. ¿Qué chico o chica puede evitar rendirse ante todo lo que representa alguien que viste la Route 66 Trourist Tee? ; ) ; ) ; )
Aunque, inevitablemente, todos hayamos sido turistas alguna vez, dejad que dedique unas líneas a tratar con un poco de humor la pregunta de “qué es ser un turista”.
Diferentes definiciones de turista:
1) Todo aquel que por cenar en un restaurante que anuncia “la auténtica sangría” o “el auténtico gulash” se cree estar degustando el plato más típico en el sitio más típico. Lo auténtico no se anuncia, salvo como maniobra de marketing engañoso para cobrar más por mucho menos. ¿Acaso anuncian la autenticidad los restaurantes que frecuentamos en nuestra ciudad? ¿Utilizan flyers y relaciones públicas?
2) Todo aquel que trata a los locales como si fuesen estatuas, parte del paisaje, personas de cartón contratadas por las Oficinas de Turismo. Al turista le encanta pasear y sorprenderse: “mira ese niño desnutrido y semidesnudo, ¡que pobre!, vamos a sacarle una foto”, “mira ese hombre con traje, seguro que es directivo de un banco muy importante”. Vivir una ciudad, para el turista, es algo así como visitar un zoo.
3) Todo aquel que, nada más aterrizar, se compra y pone una camiseta de “Estuve en Lanzarote”, de “J’aime Paris” o del equipo de la ciudad que toque. Sin entrar a valorar el hecho de que no se puede amar aquello que acabas de conocer, vestir una camiseta de este tipo no hace que te sientas más parisino, sino todo lo contrario. Te estás disfrazando de turista y como turista te tratarán.
4) Todo aquel que durante el año no sabe ni dónde guarda la cámara de fotos y cuando viaja se dedica a fotografiar hasta el brotar de la hierba de los jardines. Está tan pendiente de no dejar un rincón sin fotografiar, de posar delante de cada piedra con cara de estar pasándoselo tan bien, que ni siquiera sabe en qué ciudad está.
5) Todo aquel que, al encontrarse con un local, seguramente un taxista, le hace siempre las dos mismas preguntas (una vez ya se ha bebido unas cuantas cervezas). Primero, le pregunta por cuál es su equipo de fútbol preferido. Y si hay contestación, le pregunta cómo de guapas y calientes son las chicas en la ciudad en cuestión. Cuando luego le cobran tres veces la tarifa normal se sorprende, pero… “con las chicas del pueblo no se juega, forastero”.




by Ferhuert
"Existen también aquellos turistas a los que no les agrada el bullicio y prefieren disfrutar de u"