Categoría: Filosofía de Viaje

El turista dadaísta

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Como viajero, me aburre mucho seguir las indicaciones y consejos de la mayoría de sitios sobre viajes que hay en Internet. La gente siempre te intenta conducir a las atracciones turísticas más típicas, en vez de descubrirte rincones especiales y diferentes. Algo que me parece más divertido y enriquecedor. Pero no soy el único que tiene esta “manía”. El personaje que os presento a continuación, de nombre Joël Henry, va mucho más lejos.

Joël Henry no es un turista cualquiera. Es un turista experimental. A mediados de los noventa, durante una comida entre amigos, este periodista, que escribe para el canal de televisión Arte, decidió aplicar su pasión por los juegos a sus vacaciones. Fundó entonces el Laboratorio de Turismo Experimental (www.latourex.org), una entelequia que compila ideas para viajar sin las ataduras convencionales del turismo.

Entre sus propuestas hay cosas como conocer las ciudades visitando sólo las últimas paradas de las líneas de metro, coger un tren que salga a las 12.12 y bajarse en la duodécima parada o conocer sólo y, a fondo, el área K2 del mapa de la ciudad. Aunque pueda parecer una locura o una estupidez, lo que sí creo es que el azar enriquece los viajes. Lo descubrí intensamente durante nuestro ExperienceLess.

Pensando ahora en alguna locura, ¿quién se atreve a conocer su próximo destino en base a un listado de lugares en los que se produjo algún crimen el año pasado?, ¿o preferís soltar un grillo encima de un mapa durante 1 minuto y hacer el mismo recorrido que haga él?  Por cierto, ¿se os ocurren más propuestas para practicar turismo experimental?

Allí estarás

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Sé muy bien donde estarás.
No estarás donde no haya murmullo
en el frío silencio que de tristeza impregna
las calles sin vida que toda ciudad alberga,
ni donde el hoy sea igual que el mañana,
ni donde el ambiente se respire insípido como una mañana de lunes,
ni donde en la foto no te veas un poco fuera de lugar.
No estarás sólo sentado en esa silla,
el puente que te une con ese otro mundo
está construido de conversaciones y sonrisas,
ni encerrado entre las cuatro paredes de una habitación,
ni inmóvil esperando una larga cola sin saber muy bien por qué,
ni ajeno a todo lo que acontece a tu alrededor.
No me hace falta buscarte.
Sé muy bien donde estarás.
Estarás en el fulgor de la batalla,
y levarás anclas al amanecer,
y soñaras despierto,
y despertarás tu espíritu más aventurero,
y experimentarás hasta que las sorpresas te dejen sin aliento.
Estarás en busca de ese algo.
que tu viaje haga especial.
Sé muy bien donde estarás
mi estimado TROURISTA.

Encuesta para Trouristas Expertos

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Si estás de viaje por Estados Unidos, te guste o no, vas a tener que comer alguna que otra hamburguesa. En algunos casos será porque no tendrás más alternativa. De viaje por carretera, con el hambre acechando, te encontrarás muchas veces en la situación de poder elegir únicamente entre comer una hamburguesa o dos porciones de pizza. Difícil elección, especialmente, cuando es el quinto día que te enfrentas al mismo dilema. En otros casos, aun habiendo alternativa, tus compañeros de viaje, nativos o no, sólo querrán ir a un sitio en el que se puedan comer hamburguesas o pizza. Así es la vida.

Dada esta realidad, lo más inteligente es encontrar un buen sitio para comer hamburguesas. Lo ideal es ir a una cervecería (brewery) u otro sitio más artesanal, en el que te deleiten con una jugosa hamburguesa bien acompañada de cebolla caramelizada, queso azul u otras delicias culinarias varias. Pero como en la mayoría de las veces sólo habrá cadenas de comida rápida, nunca está de más saber cuál de ellas es la mejor.

Durante los seis meses que estuve en California hace un par de años, muchos de mis compañeros de universidad me hablaban con auténtica devoción del IN-N-OUT, un sitio de fast food en el que sólo sirven cheese burger, patatas fritas y batidos. Arengado una y otra vez, acabé yendo a uno. Y la verdad es que me gustó. Sin embargo, me planteó una duda filosófica. ¿Puede ser una experiencia auténtica y enriquecedora cenar en una cadena de fast food? ¿Cuál es vuestra opinión? ¿Conocéis otras cadenas, ya sean o no de fast food, que puedan considerarse una experiencia?

Un viaje de coraje

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Temperaturas de hasta cuarenta grados bajo cero durante las noches. Amenazadores aludes capaces de arrasar con todo signo de vida. Apenas comida ni agua. La constante muerte de compañeros, familiares y amigos sin poder hacer nada por evitarlo. Y lo más cruel, el haber oído por radio que nadie les iba a sacar de tan gélido infierno. Que la muerte de todos sólo era cuestión de que el frió y la escasez de alimentos hicieran su macabro papel.

Esta fue la realidad a la que se enfrentaron un grupo de estudiantes uruguayos durante 72 días, a más de 4000 metros, como consecuencia del accidente que sufrió su avión mientras sobrevolaban Los Andes dirección Chile. Hablo de “Viven”. Muchos habréis leído el libro o visto la película, una gran historia de sacrificio y coraje. Una historia que en su día tuve oportunidad de escuchar de boca de uno de sus principales protagonistas, Nando Parrado. Sin duda, una de las conferencias que más me ha impresionado por la crudeza de los hechos y lo inspirador del mensaje.

Nando Parrado fue, junto con Roberto Canessa, uno de los dos supervivientes del accidente, que tras dos meses de “cautiverio” en Los Andes, decidieron emprender un viaje en busca de su supervivencia y de la de sus compañeros de tragedia. Un viaje que nunca hubiesen querido hacer, pero al que no tenían elección si no querían morir. Un viaje que les llevaría a atravesar durante doce largos días un duro paisaje de hielo, nieve y empinadas cumbres.

Personalmente, lo que más me impresionó del relato de Nando Parrado fue una fotografía que nos mostró, de lo que vio el primer día al subir a la cumbre más cercana. Imaginad lo que tiene que ser llevar dos meses sin apenas comer, estar hundido de fuerzas, y que cuando te decides a escaparte de los Andes, lo que ves es un océano de montañas nevadas sin atisbo ninguno de civilización. Una foto parecida a la que sigue:

Desolador, ¿verdad? Seguro, pero la vida es valentía y fe. Puede ser un héroe lo mismo el que triunfa que el que sucumbe, pero jamás el que abandona el combate. Creo que esta es una buena enseñanza para el día de hoy. Y que a Nando Parrado le sirvió para salir con vida de una situación más complicada que cualquiera de la que nos enfrentemos en nuestro día a día.

No soy un turista…

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Porque quiero divertirme al máximo.
Porque detesto pagar más por menos.
Porque paso de lo masificado y lo artificial.
Porque soy más de hacer que de ver.
Porque me gusta tener conversaciones interesantes con la gente del lugar.
Porque quiero vivir experiencias que sean únicas y memorables.

Estas son seis razones que suelo argumentar cuando me preguntan por qué no soy o no quiero ser un turista. Obviamente, hay muchas más. Hace un tiempo, hicimos un pequeño encuentro con diferentes amigos y estudiantes Erasmus que están en San Sebastián, y entre cerveza y cerveza, les hicimos la gran pregunta: ¿por qué no eres un turista?

Ahí va un breve vídeo con algunas de las respuestas:


Hay muchas razones por las que no querer ser un turista. ¿Cuál es la tuya?

Un día cualquiera en La Habana

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“La Habana es como una bella mujer recién levantada”. Así definía el viejo taxista su amada ciudad mientras, por el Malecón, hacía rugir el motor soviético del flamante Cadillac del 53. Nos aproximamos al Hotel Nacional, y sin levantar el pie del pedal giramos a la izquierda tomando “La rampa”. Tras un zig-zageo llegamos a la calle 21. Ahí está mi casa por los próximos cuatro días. “Bonita sensación esta de llegar a una ciudad desconocida y poder referirme a mi casa. Un hotel es mucho más frío” pienso.

Arriba me reciben Carolina y Lenin, un matrimonio de mediana edad que junto a su hijo viven en la casa Sandélis. Me muestran mi habitación. Salgo al balcón y encuentro las largas hileras de ventanas del “Nacional”, llegándose a ver sin problema el interior de alguna de sus habitaciones. “Menos lujo pero más cariño” me dice desde la puerta Carolina con una sonrisa que inspira confianza.

El viaje ha sido largo y necesito comer algo. Camino cien metros hasta llegar al restaurante La Roca. “Un bistec con arroz criollo, por favor” una joven camarera me toma nota con calma.

Con las pilas ya cargadas llego a la Habana Vieja. Me pierdo entre sus calles hallando una grata sorpresa. La Plaza de Armas y su mercado de libros de segunda mano, o tercera, quién sabe. También hay alguno nuevo. Me sumerjo durante unos minutos entre biografías del Che Guevara. “Esta es la primera edición, y ya van por 30 compañero, llévesela”. Me decanto por unos versos de Martí.

Paso frente a La Bodeguita del Medio pero los flashes de los turistas me disuaden. Tras cruzar la plaza de la catedral llego al Café O’Reilly. Una banda formada por cuatro mulatos cantan “Chan-Chan”  frente a una docena de personas. Unos cuantos ingleses, una pareja de españoles y un grupo de jóvenes cubanos disfrutando, entre mojitos, de una animada conversación. Me sitúo en la terraza y observo una descuidada Habana Vieja que ya comienza a sumergirse en la oscuridad de la noche. La noche Habanera.

Me acerco a los jóvenes y les pregunto dónde puedo poner fin a mi día. Una chica sin dudar dice “ve a la Casa de la Música, es el mejor lugar para bailar salsa”. Otro me sugiere ir a la zona de Miramar, zona de fiesta por excelencia para los turistas, “para bailar un poco de reggaeton”. Les explico que he llegado hoy y que estoy un poco cansado, por lo que me sugieren un club de Jazz en el Vedado.

No sé si el saxo suena mejor en La Zorra y el Cuervo o, tal vez, a La Zorra y el Cuervo van los mejores saxos de Cuba. Entre sus notas pongo fin a un día cualquiera en la Habana.

HACIA RUTAS SALVAJES

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En Abril de 1992, un joven de una adinerada familia de la Costa Este llegó a Alaska haciendo autostop y se adentró en los bosques situados al norte del monte McKinley. Cuatro meses más tarde, una partida de cazadores de alces encontró su cuerpo en estado de descomposición, fruto probablemente de una intoxicación.

El joven se llamaba Chris McCandless y su “aventura” había comenzado en el verano de 1990. Tras graduarse en la Universidad Emory de Atlanta, McCandless desapareció. Cambió de nombre, donó a una organización humanitaria los 24.000 dólares que guardaba en su cuenta corriente, abandonó la mayor parte de sus pertenencias, y quemó todo el dinero que llevaba en sus bolsillos.  Desconfiaba del valor de las cosas que se obtenían con facilidad. Luego, se inventó una nueva vida y anduvo vagando por América del Norte en busca de experiencias nuevas y trascendentes. Su familia no supo nada de su paradero hasta que sus restos aparecieron en Alaska.

La historia de McCandless no estuvo exenta de polémica. Mientras algunos lo idolatraron como un intrépido idealista cuyo objetivo era explorar el contenido de su propia alma, otros lo acusaron de ser un loco egoísta que no sólo arruinó su propia vida sino que provocó mucho sufrimiento entre los que más le querían. Yo no me atrevo a declinarme por una de las dos corrientes de opinión, pero lo que sí creo es que el ser humano siempre ha tenido ese espíritu nómada que ejerció McCandless. Establecerse en una ciudad y echar raíces es algo que venimos haciendo desde relativamente poco tiempo teniendo en cuenta toda la Historia de la Humanidad. McCandless sólo quiso ser como nuestros antepasados.

Si queréis saber más sobre la vida de Chris McCandless os recomiendo que leáis “Hacia rutas salvajes”, un libro entretenido, de fácil lectura y que invita a la reflexión.

Emprender el viaje de tu vida: La costura de América

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A todos aquellos que nos apasiona viajar se nos ha pasado por la cabeza más de una vez, dejar plantada a la rutina y emprender ese viaje que cada uno de nosotros guarda en su interior y considera el viaje “perfecto”. Sin embargo, muy pocos se deciden a dar el paso definitivo. Hoy contamos con la experiencia de Iosu López, un joven que a los 29 años decidió dejar aparcada su vida en Madrid para recorrer el continente Americano de norte a sur. Diez meses después de su partida y recién llegado de Ushuaia, nos cuenta cómo fueron los preparativos de su viaje perfecto.

P. Iosu, no ha habido un solo día en el que, los que hemos seguido tu aventura a través del blog, no hayamos sentido envidia sana. Sin embargo, imagino que no fue fácil la decisión de emprender este viaje.

R. Tomar una decisión de este tipo me llevó más de un quebradero de cabeza. Tuve que sortear miedos propios y ajenos, trabajar muchas horas para reunir el dinero necesario, desviarme del camino de la cotidianeidad, de lo que se establece como normal en nuestra sociedad: Tener una casa, una hipoteca, un coche, formar una familia… Decidí seguir el dictado de mi corazón asumiendo los riesgos. ¿Volvería a ser todo igual después del viaje? ¿Regresaría a casa o encontraría un lugar donde establecerme? Todo eran interrogantes sin respuesta.

P. Al partir, ¿tenías en mente un plan de viaje claro, o ha sido la improvisación quien ha terminado de configurar tu ruta?

R. La premisa con la que partía era atravesar América de norte a sur en sentido contrario al migratorio por la carretera panamericana desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia (Argentina). Hoy es un sistema colectivo de carreteras que, en más de 30.000 kilómetros, conecta el continente americano de un extremo al otro. Al final, fruto de la improvisación, fueron casi 45.000 kilómetros de caminos, pistas de grava y vías asfaltadas subido a bordo de todo tipo de transporte terrestre-acuático imaginable: Autobús, tren, bicicleta, moto, coche, cayuco, lancha, carromato… El avión estaba permitido únicamente para cruzar el Atlántico desde Madrid a Alaska y de regreso de Buenos Aires a España.

P. Normalmente, la motivación principal a la hora de emprender un viaje de este tipo no suele ser tanto el de ver lugares como el de conocer personas. ¿Me equivoco?

R. Para nada. En el viaje han primado los paisajes humanos frente a las atracciones turísticas, el diálogo frente a la obsesión del turista por el retrato fotográfico, la observación frente a la mirada fugaz.

P. ¿Qué dejaste en España al partir?

R. Mi trabajo de periodista, una novia a la que quería, familia y amigos. Necesitaba hacerlo solo. Para algunos mi idea sonaba más a un acceso de locura que a algo meditado.

Ya de regreso, Iosu muestra la cordura en su decisión en forma de documental. “La costura de américa”. Os dejamos con el trailer.

¿Qué significa para vosotros viajar de forma auténtica?

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A raíz de un post que leí hace un par de semanas, he estado informándome sobre la visión que diferentes viajeros tienen respecto a la autenticidad. Me he dado cuenta de que existen tantas definiciones de autenticidad como viajeros hay en el mundo.

Hay quien mide la autenticidad por la forma en la que se viaja o por el número de países a los que se haya viajado. Para unos, viajar de una forma auténtica significa viajar con una mochila a la espalda, dormir en hostales y comer solamente comida local. Hay otros como Helen Todd que piensan que la mayor diferencia de aquellos que viajan de una forma más o menos auténtica es la actitud.

Para mi la diferencia entre un viajero y un turista es la actitud. Me considero una viajera, pero cuando voy a Miami a pasar un par de semanas, definitivamente soy una turista, que solamente se preocupa por su moreno y por tener un buen libro para leer“. Fragmento sacado del post “Diferencias entre un viajero y un turista” escrito por Helen Todd.

También hay quien cree que este debate no merece la pena. Dan de Voyagner cree que lo más importante de todo no es buscar la autenticidad sino hacer aquello que te gusta sin ser necesario ponerle ningún tipo etiqueta.

El problema es que cada cual tenemos nuestras propias ideas sobre qué nos hace ser buenos viajeros, pero hay veces que esas ideas pierden el sentido. No intento ser diplomático, si quieres ver el mundo más hayá del punto de vista de un turista, tienes que vivir en primera persona aquello que te rodea, si no ¿qué sentido tiene?. A quién le importa que comas en un Mc Donald’s, lo que verdaderamente importa es, ¿estás consiguiendo aquello que verdaderamente buscabas con tus viajes?” Fragmento sacado del post “Los auténticos viajeros no comen en Mc Donalds” escrito por Dan.

En trourist tenemos nuestra propia definición de autenticidad. Pensamos que la autenticidad consiste en vivir aquellos momentos o lugares que hacen felices a la gente del lugar.

¿Cuál es vuestra opinión al respecto? ¿Qué consideráis vosotros viajar de forma auténtica?

Foto de Daniel Bachhuber

El hostal: territorio hostil para las víctimas del amor

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Los hostales son un excelente recurso para viajar a precios económicos y conocer viajeros de otras culturas y países, pero son un pésimo lugar para el amor de una noche. Sin duda, un enamoramiento de esos tan fugaces que surgen entre cervezas y tequilas son muy complicados de gestionar para quien duerme en un sitio en el que lo común es compartir habitación con seis, diez o trece personas más. Por hilar más fino aún, lo correcto sería decir que lo complicado no es tanto gestionar, sino consumar. Nos entendemos.

En un “inspirador” artículo que leí hace un tiempo en Brave New Traveler, se mostraban diferentes ideas para que tanto los recién atravesados por la flecha del amor como las parejas ya consagradas pero ávidas también de un buen revolcón, pudiesen calmar sus deseos sexuales dentro de un hostal. Como alternativas a un cómodo e íntimo lecho, se sugería la lavandería, el almacén de los productos de limpieza, la cocina, el tejado o los servicios. Cualquiera de las opciones anteriores puede valer para un momento de locura, siempre que no te importe ensuciarte la pantorrilla con restos de ketchup o restregarte entre detergente industrial para toallas.

Obviamente, todo es mucho más fácil cuando viajas de hotel. Aunque te acompañe algún amigo, siempre puedes apelar a la solidaridad y pedirle que se de un largo paseo para garantizarte un rato de intensa intimidad. Sin embargo, también es cierto que viajando de hotel es más complicado conocer gente y acabar con la posibilidad de tener sexo. Es la paradoja del viajero donjuán.

*Dicho esto, conviene aclarar que lo arriba expuesto no es la razón por la que decidimos hacer el ExperienceLess montados en una autocaravana.

Photo by: Jin’s diary 87