Categoría: Experiencias Auténticas

Tres premios especiales para tres experiencias especiales

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Después de haber recibido las puntuaciones de los miembros del jurado, ya tenemos los tres ganadores del último concurso de experiencias que hemos organizado en Trourist: el LO-MOnth.

Empecemos con la categoría de mejor experiencia en general, que se llevará un Diana+ Deluxe Pack. El ganador, ganadora en este caso, es Cande Abril, con una muy interesante experiencia en el barrio de Navigli, en Milán. Cande nos propone recorrer lo que antes eran canales en los que abundaba el agua y en los que ahora abunda la magia de muchos pequeños establecimientos juntos. Pero mejor lo cuenta ella.

En la categoría de mejor experiencia en Londres, también tenemos ganadora, y es Kate Turner. Se llevará una Diana Mini con Flash. Su muy golosa experiencia, nunca mejor dicho, consiste en una visita al mercado de Borough, donde se pueden encontrar alimentos de todos los lugares del mundo, con una más que obligada parada en la sección de dulces. También es mejor cómo lo cuenta ella.

En la categoría de mejor experiencia en Barcelona, la ganadora es Laura Hernández, que también podrá disfrutar de una Diana Mini con Flash. Lo que nos propone Laura es conocer las obras de artistas locales sin nombre pero con toneladas de talento en una galería llamada Miscelania. Mejor a través de sus palabras.

Muchas felicidades a los ganadores, pero también a todos los participantes, pues el nivel de las experiencias ha sido altísimo. Se han compartido grandes joyas viajeras, que seguro os harán vivir al máximo los viajes que hagáis durante este verano.

Una vez más, os animo a que compartáis rincones especiales que haya en vuestra ciudad o que os hayáis encontrado en vuestros viajes. Y no os preocupéis, en el próximo concurso que lancemos estarán incluidas todas las experiencias compartidas desde la finalización del LO-MOnth.

Por supuesto, no podemos pasar la ocasión de agradecer, una vez más, la colaboración por parte de Lomography Spain como patrocinador de este concurso.


¡Ya tenemos finalistas!

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La comunidad Trourist ha estado muy activa durante estos últimos días. Durante el mes de mayo, se han compartido auténticas joyas para todos aquellos viajeros que buscamos en nuestros destinos vivir experiencias auténticas y especiales.

En la categoría de mejor experiencia hemos seleccionado a diez finalistas, que optan al Diana+ Deluxe Pack. Mikel García Nograro nos propone un interesante plan para pasar un domingo en Cape Town. Maria Agirre nos invita a una mezcla de bar-galería en pleno corazón de San Francisco. Gerrit Lamch nos lleva a desayunar a un sitio muy especial en Montreal. Borja Serrano nos propone una aventura en uno de los más idílicos paisajes de Nueva Zelanda. Nagore Guarretxena nos descubre un rincón en el que fotografiar a las geishas en Tokyo. Alba Rosales nos traslada a un misterioso bar en Cracovia. Pablo Adrian Medina nos propone un cenote en Tulum. Ryan nos enseña a dónde van los locales a pasar el rato cuando es verano en Galway. Cande Abril nos plantea un interesante recorrido por Milan. Y Kate Turner comparte una coctelería en la ciudad de Oxford para ir con tu pareja.

En la categoría de mejor experiencia en Londres y Barcelona, y que optan a una Diana Mini con Flash, hemos seleccionado tres finalistas para cada ciudad. En Londres, Oscar Cervantes nos lleva a cenar a Marylebone High Street, Adam Smith nos invita a un café en el Soho, y Kate Turner nos lleva al mercado de compras. En Barcelona, Isabel Martí nos propone una tetería en el Gótico, Laura Hernandez nos lleva a conocer las obras de artistas talentosos, y Jon Santa nos propone una cena japonesa.

¿Quién ganará en cada categoría? Eso lo decidirá el jurado en los próximos días. Aunque de momento hemos ganado todos, pues para este verano hay más experiencias auténticas y especiales que consultar. ¡Gracias a todos los participantes!

Por cierto, ¡ya somos 2500 trouristas!

El jurado está formado por:

Francesc Balagué: http://www.francescbalague.cat/

Audrey Scott and Daniel Noll: http://www.uncorneredmarket.com/

Lara Dunston and Terence Carter: http://grantourismotravels.com/

Lindsay Hogg: http://thetravellerworldguide.com/

Mike Baris: http://www.mikebarish.com/

Pasquale Caprile: www.lomography.es

Un día cualquiera en La Habana

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“La Habana es como una bella mujer recién levantada”. Así definía el viejo taxista su amada ciudad mientras, por el Malecón, hacía rugir el motor soviético del flamante Cadillac del 53. Nos aproximamos al Hotel Nacional, y sin levantar el pie del pedal giramos a la izquierda tomando “La rampa”. Tras un zig-zageo llegamos a la calle 21. Ahí está mi casa por los próximos cuatro días. “Bonita sensación esta de llegar a una ciudad desconocida y poder referirme a mi casa. Un hotel es mucho más frío” pienso.

Arriba me reciben Carolina y Lenin, un matrimonio de mediana edad que junto a su hijo viven en la casa Sandélis. Me muestran mi habitación. Salgo al balcón y encuentro las largas hileras de ventanas del “Nacional”, llegándose a ver sin problema el interior de alguna de sus habitaciones. “Menos lujo pero más cariño” me dice desde la puerta Carolina con una sonrisa que inspira confianza.

El viaje ha sido largo y necesito comer algo. Camino cien metros hasta llegar al restaurante La Roca. “Un bistec con arroz criollo, por favor” una joven camarera me toma nota con calma.

Con las pilas ya cargadas llego a la Habana Vieja. Me pierdo entre sus calles hallando una grata sorpresa. La Plaza de Armas y su mercado de libros de segunda mano, o tercera, quién sabe. También hay alguno nuevo. Me sumerjo durante unos minutos entre biografías del Che Guevara. “Esta es la primera edición, y ya van por 30 compañero, llévesela”. Me decanto por unos versos de Martí.

Paso frente a La Bodeguita del Medio pero los flashes de los turistas me disuaden. Tras cruzar la plaza de la catedral llego al Café O’Reilly. Una banda formada por cuatro mulatos cantan “Chan-Chan”  frente a una docena de personas. Unos cuantos ingleses, una pareja de españoles y un grupo de jóvenes cubanos disfrutando, entre mojitos, de una animada conversación. Me sitúo en la terraza y observo una descuidada Habana Vieja que ya comienza a sumergirse en la oscuridad de la noche. La noche Habanera.

Me acerco a los jóvenes y les pregunto dónde puedo poner fin a mi día. Una chica sin dudar dice “ve a la Casa de la Música, es el mejor lugar para bailar salsa”. Otro me sugiere ir a la zona de Miramar, zona de fiesta por excelencia para los turistas, “para bailar un poco de reggaeton”. Les explico que he llegado hoy y que estoy un poco cansado, por lo que me sugieren un club de Jazz en el Vedado.

No sé si el saxo suena mejor en La Zorra y el Cuervo o, tal vez, a La Zorra y el Cuervo van los mejores saxos de Cuba. Entre sus notas pongo fin a un día cualquiera en la Habana.

Mis mejores playas de Euskadi

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El olor del salitre. El sonido de las olas. El placer de la brisa. La playa representa todas estas sensaciones y muchas más. Por eso me encanta escaparme, siempre que puedo, a alguna de los muchas playas que hay a mi alrededor. Las siguientes son mis preferidas, y os las recomiendo si venís a Euskadi (he intentado elegir cuatro playas que sean algo diferentes):

Zarautz. Situada en pleno pueblo de Zarautz, es una de las playas más largas de Euskadi y una de las cunas del surf a nivel de España (en septiembre se suele celebrar una prueba del campeonato del mundo de surf). La gente joven se suele colocar mirando hacia al mar a la derecha. La única pega es que con marea alta la playa queda prácticamente sumergida bajo sus bravas aguas.

Karraspio (Mendexa). Situada a dos kilómetros de Lekeitio, la playa de Karraspio dibuja un idílico paisaje cada vez que baja la marea: el río Lea desaparece, uniendo la playa de Karraspio con la playa de Isuntza y la Isla de San Nicolás. Un paseo espectacular que acabará en un chapuzón en un agua limpia y tranquila.

Ogeia (Ispaster). Es una pequeña cala situada a apenas quince minutos en coche desde Lekeitio y que no está tan masificada como lo puedan estar el resto de playas que os presento. La playa está formada por cantos y el agua está muy limpia, pero lo mejor es que se encuentra dentro de un precioso paraje natural equipado con merenderos y barbacoas para poder hacer el plan perfecto: playa más comida con los amigos.

Laga (Ibarrangelu). Esta playa se encuentra dentro del parque nacional de Urdaibai y tiene un encanto muy especial. Está rodeada de verdes montañas y acantilados e incluso tiene un pequeño bosque al lado que es utilizado por muchos aventureros con furgoneta para dormir. Cerca está la playa de Laida, y enfrente, la playa de Mundaka y su famosa ola de izquierdas.

Cuatro experiencias que no viví (pero viviré)

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Por muy intensamente que vivas un destino siempre queda alguna espina clavada en tu corazón viajero. Ese rincón que no llegaste a descubrir. Esa experiencia que no tuviste tiempo de vivir. Esa aventura que no te atreviste a experimentar. En mi caso, las siguientes son algunas de estas espinas:

1. Una excursión de varios días recorriendo a pie los rincones más salvajes del Gran Cañón del Colorado. Aunque desde lo alto del Cañón la vista sea una de las más impresionantes del mundo, adentrarse en las gargantas rocosas durante unos días me parece la mejor manera de sentirse parte de dicha creación. Caminar alejado de la civilización, dormir con las estrellas como único amparo.

2. Conocer el interior de Cuba y sus gentes. La Habana es una ciudad sensual, divertida y evocadora, pero tengo la sensación de que el turismo ha contaminado algo la espontaneidad de sus gentes. Sin quererlo, los habaneros hablan casi siempre intentando equilibrar lo que realmente piensan y lo que el viajero quiere escuchar. Aún y así es una experiencia que merece mucho la pena, pero que me gustaría complementar con un viaje al interior de Cuba, por los poblados en los que vive la gente que se dedica a la caña de azúcar. Ya sea en tren, en coche o en bici, el viaje de La Habana a Santiago tiene que ser una orgía de experiencias inolvidables.

3. Una fiesta alocada en una isla croata. La costa croata es una auténtica preciosidad, un paraíso en el que el azul intenso de las aguas del Adriático realza la belleza de sus pequeñas calas exóticas y sus incontables pueblos de pescadores en los que tantas civilizaciones dejaron su impronta. En resumen, un lugar perfecto para perderse y relajarse. No obstante, esto es combinable con una breve escapada a islas como la de Hvar, llena de jóvenes dispuestos a aprovechar al máximo sus vacaciones. Islas abiertas hasta el amanecer.

4. Coger un olón en Pipeline (Hawaii). La playa de Pipeline, en la isla de Oahu, es una playa salvaje de una belleza espectacular, perfecta para pasar un buen día. Pero además, es uno de los templos del surf, sólo accesible para los más expertos de este deporte debido a sus inmensas olas y peligrosos arrecifes. Sin duda, sería increíble sentir algún día el éxtasis que tiene que suponer montarse en una de las muchas olas gigantes que día tras día, especialmente entre diciembre y marzo, rompen en la orilla de Pipeline. Aunque, sinceramente, más que una espina clavada, esto es una gigante utopía.

¿Y vosotros? ¿Cuál es esa espina que tenéis clavada en vuestro corazón viajero?

Lomografía: Sacar fotos también es una experiencia

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La fotografía es un elemento importante en nuestros viajes. Mucho más allá del valor estético de nuestras “obras”, las fotografías inmortalizan momentos de disfrute, de descubrimiento, y que, una vez de vuelta a casa, nos ayudan a digerir todo lo vivido.

Los avances tecnológicos de la última década en materia fotográfica, han puesto a nuestra disposición cámaras ultraligeras y sencillas de utilizar, cuyo principal valor es la practicidad. Sin embargo, quiero hablaros de unas cámaras fotográficas cuyo valor no responde a este tipo de criterios, sino a uno mucho más humano y emotivo, como lo es la experiencia que supone inmortalizar momentos a través de ellas. Me refiero a las cámaras lomográficas.

Las lomográficas son unas de las cámaras analógicas más conocidas,  y cuyo origen lo encontramos a inicios de los 80 en la antigua Unión Soviética. Allí comenzaron a fabricarse unas cámaras de cuerpo robusto y con una lente defectuosa, cuyo resultado eran instantáneas sorprendentes, por la desviación en el enfoque y la alteración en el color que estas cámaras realizaban. Y es precisamente este defecto en la lente lo que provee a estas cámaras de una personalidad especial. El sacar una foto megapreparada ya no es lo importante, sino que lo que se espera de una cámara lomográfica es que te sorprenda. El resultado son imágenes donde objetos cotidianos destacan y se resaltan detalles que normalmente pasarían inadvertidos.

A inicios de los 90, un grupo de estudiantes vieneses descubrieron estas cámaras durante un viaje a Praga y a raíz de ahí se comenzó a desarrollar una numerosísima comunidad de lomógrafos, cuyos ejes principales son la creatividad y la espontaneidad en la fotografía, tal y como lo demuestran sus Diez Reglas de Oro.

En la actualidad puedes encontrar reproducciones de aquellas cámaras Soviéticas, de todos los colores que puedas imaginar,  en sus “embajadas” ( es así como llaman a sus tiendas) repartidas por todo el mundo.

Emprender el viaje de tu vida: La costura de América

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A todos aquellos que nos apasiona viajar se nos ha pasado por la cabeza más de una vez, dejar plantada a la rutina y emprender ese viaje que cada uno de nosotros guarda en su interior y considera el viaje “perfecto”. Sin embargo, muy pocos se deciden a dar el paso definitivo. Hoy contamos con la experiencia de Iosu López, un joven que a los 29 años decidió dejar aparcada su vida en Madrid para recorrer el continente Americano de norte a sur. Diez meses después de su partida y recién llegado de Ushuaia, nos cuenta cómo fueron los preparativos de su viaje perfecto.

P. Iosu, no ha habido un solo día en el que, los que hemos seguido tu aventura a través del blog, no hayamos sentido envidia sana. Sin embargo, imagino que no fue fácil la decisión de emprender este viaje.

R. Tomar una decisión de este tipo me llevó más de un quebradero de cabeza. Tuve que sortear miedos propios y ajenos, trabajar muchas horas para reunir el dinero necesario, desviarme del camino de la cotidianeidad, de lo que se establece como normal en nuestra sociedad: Tener una casa, una hipoteca, un coche, formar una familia… Decidí seguir el dictado de mi corazón asumiendo los riesgos. ¿Volvería a ser todo igual después del viaje? ¿Regresaría a casa o encontraría un lugar donde establecerme? Todo eran interrogantes sin respuesta.

P. Al partir, ¿tenías en mente un plan de viaje claro, o ha sido la improvisación quien ha terminado de configurar tu ruta?

R. La premisa con la que partía era atravesar América de norte a sur en sentido contrario al migratorio por la carretera panamericana desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia (Argentina). Hoy es un sistema colectivo de carreteras que, en más de 30.000 kilómetros, conecta el continente americano de un extremo al otro. Al final, fruto de la improvisación, fueron casi 45.000 kilómetros de caminos, pistas de grava y vías asfaltadas subido a bordo de todo tipo de transporte terrestre-acuático imaginable: Autobús, tren, bicicleta, moto, coche, cayuco, lancha, carromato… El avión estaba permitido únicamente para cruzar el Atlántico desde Madrid a Alaska y de regreso de Buenos Aires a España.

P. Normalmente, la motivación principal a la hora de emprender un viaje de este tipo no suele ser tanto el de ver lugares como el de conocer personas. ¿Me equivoco?

R. Para nada. En el viaje han primado los paisajes humanos frente a las atracciones turísticas, el diálogo frente a la obsesión del turista por el retrato fotográfico, la observación frente a la mirada fugaz.

P. ¿Qué dejaste en España al partir?

R. Mi trabajo de periodista, una novia a la que quería, familia y amigos. Necesitaba hacerlo solo. Para algunos mi idea sonaba más a un acceso de locura que a algo meditado.

Ya de regreso, Iosu muestra la cordura en su decisión en forma de documental. “La costura de américa”. Os dejamos con el trailer.

Vivir Nueva York gracias a una trourista!

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Marcos fue en su día compañero de universidad. Hoy, unas veces por trabajo, otras por placer, tiene la suerte de hacer y deshacer su maleta a menudo. Hace unos días se puso en contacto con nosotros y nos dijo “Trourist me ayudó a conocer a una neoyorkina en mi último viaje a la Gran Manzana”. Esta breve afirmación hace que en nuestras caras se dibujen sonrisas y en nuestras mentes se reafirme la idea de que nuestros esfuerzos realmente valen la pena. Marcos nos cuenta su experiencia:

Hay tanta gente que ha visitado New York que la información sobre lugares a visitar me desbordaba. ¡Y sólo tenía 4 días para todo! Además, quería experimentar New York, no únicamente ver los puntos turísticos. Por eso, desde el principio, supe que conocer a un neoyorkino era la clave. Pero, casualmente, todos los que yo conocía no estaban en la ciudad en las fechas de mi viaje, así que pensé que trourist podría ayudarme.

Ví la gente que vivía en New York y, sin pensármelo dos veces, les mandé un mail explicando lo que quería. Y ¡bingo! ¡Una chica se ofreció para enseñarme su ciudad!. En seguida nos pusimos en contacto para saber lo que yo esperaba de la visita, conocernos un poco y fijar fecha, hora y lugar. Rachel vino a buscarme a las 11am a la puerta del hostel un día después de aterrizar en la ciudad y aun siendo vírgenes tanto en guiar como en ser guiado, los dos conseguimos lo que queríamos.

Ella ya había pensado el plan para todo el día. Empezamos visitando unas galerías de arte poco conocidas en Chelsea, un centro deportivo donde los neoyorkinos practican incluso golf en pleno Manhattan, el Chelsea Market (pequeño mercado dentro de lo que en su día fue una fábrica) y otros muchos sitios. El día terminó cenando en una famosa pizzería debajo del puente de Brooklyn, a la que seguro que nunca hubiera llegado por mí mismo.

Lo pasamos tan bien, que volvimos a quedar para tomar algo una noche en un bar de una zona alternativa de Brooklyn con una amiga suya.

La mejor parte de esta experiencia no fue lo que visité, sino lo que me contaba. Entre otras cosas, los planes que suele hacer con su grupo de amigos, dónde iba cuando era pequeña, por qué la gente se compra un perro en New York, etc. Ésta fue la verdadera experiencia y sin ninguna duda no pudo ser mejor. No solo nos lo pasamos genial, sino que mantenemos el contacto y ¡ella está pensando venir a mi ciudad!. Definitivamente, New York sería para mí una ciudad completamente distinta de no haber contactado con Rachel.

La Nueva York de Marcos

Cuatro joyas perdidas en la costa del Pacifico Mexicano.

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México es un país de contrastes. Al este, la calma del mar Caribe se ve interrumpida por el ajetreo de la exponencial explotación turística de su costa.  Por el oeste, la república se sumerge en el Océano Pacífico, cuya bravura suena a ironía. Sin embargo, la calma reina al poner pie en tierra firme.

Esta costa, la del pacífico mexicano, tiene una extensión de 1.700 kilómetros y se caracteriza por un escaso desarrollo turístico, a excepción de los núcleos turísticos desarrollados para el disfrute de los propios mexicanos: Puerto Vallarta, Puerto Escondido y, fundamentalmente, Acapulco.

Esta escasa explotación turística supone una excepcional oportunidad para los intereses de los viajeros inquietos por disfrutar de las playas de este bellísimo país, sin renunciar un ápice, al contacto con la gente local y la realidad que ésta vive.  Quiero compartir con vosotros cuatro joyas perdidas que un día encontré y que siempre guardaré conmigo:

Maruata: Formada por tres bahías, este lugar tiene una energía especial. Así lo creyeron en 1995 los miembros del grupo ambientalista “Rainbow” que llegaron a este mágico lugar desde todas partes de América. Desde entonces, en época de Semana Santa y Navidad se reúnen aquí multitud de jóvenes mexicanos que acampan en las humildes palapas y organizan fiestas clandestinas, rompiendo por unos días la tranquilidad que el resto del año sólo la brisa se atreve a quebrantar.

Nexpa: La segunda mejor playa de México para la práctica del surf, y la alternativa ideal para aquellos surfistas que huyan del bullicio de Puerto Escondido. Es un pueblo tranquilo, en el cual los lugareños ofrecen la posibilidad de alquilar pequeñas cabañas de madera en la misma playa. Un americano afincado en Nexpa desde hace años regenta un garito, donde la gente (en su mayoría surfistas), se reúne tras los increíbles atardeceres a charlar alrededor de unas chelas.

Mazunte: Sin duda, uno de los lugares más bonitos de la costa Oaxaqueña. Dormir en una hamaca bajo una palapa contemplando uno de los cielos estrellados más impresionantes que he visto en mi vida, es una opción más que buena. Sin embargo,  también existe la posibilidad de alojarse en cabañas ecológicas. Es conocido como uno de los principales lugares de desove de tortugas marinas de la república.

Zipolite: Un paraíso para aquellos que les gusta disfrutar de la libertad que brinda el prescindir del traje de baño. Esta playa se hizo famosa en los años 70 por ser la única playa nudista de México, y hippys de diferentes lugares venían hasta aquí. Hoy en día se sigue palpando ese espíritu, aunque existen bonitas y cómodas cabañas para aquellos que busquen una alternativa más cómoda a la acampada.

Playa Zipolite. Photo by: ScottHernandez

Tradiciones vascas — Cenar en una Sagardotegia (Sidrería)

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Si visitáis el País Vasco durante los meses de enero a mayo, una de las experiencias más auténticas que podéis vivir es cenar en una “sagardotegia”. Así es como llamamos en el País Vasco a las sidrerías; y es que si sumamos sagarra “manzana” + ardoa “vino” + tegi  “lugar” formamos esta bonita palabra -sagardotegi- que bien deja entrever de qué vamos a hablar en este post.

La tradición de las sidrerías está especialmente arraigada en los alrededores de San Sebastián, en pequeños pueblos como Astigarraga, Hernani o Urnieta. En el interior de viejos caseríos, algunos más reformados que otros pero conservando todos el encanto de lo antiguo, se procede a degustar un excelente menú. De primero, chorizo a la sidra, tortilla de bacalao y bacalao con pimientos. De segundo, txuleton de buey. De postre, queso con membrillo y pastas típicas de la zona. Todo ello, por supuesto, regado por toda la sidra que puedas beber. Un aviso basado en la experiencia: nunca subestimes el poder embriagador de este liquido…

La tradición de cenar en las sidrerías tiene su origen en la costumbre de que los clientes, restaurantes y sociedades de la zona, pudieran probar los nuevos caldos antes de que fueran embotellados, y en que éstos, trajesen su merienda desde casa para compartirla con todos los asistentes. De ahí la costumbre de comer de pie y del mismo plato. Y de ahí surge también el buen ambiente que reina en las sidrerías: grupos de amigos mezclados entre sí, hablando, cantando, riendo alrededor de las kupelas (los toneles que contienen la sidra y que se disponen rodeando a las mesas o en galerías anexas). Todos esperando el “txotx”, el grito con el que el dueño de la sidrería llama a filas a todos los que quieren seguir llenando su vaso de sidra.

Photo by adriagarcia

Sin duda, las sidrerías son parte importante de la cultura vasca.