“La Habana es como una bella mujer recién levantada”. Así definía el viejo taxista su amada ciudad mientras, por el Malecón, hacía rugir el motor soviético del flamante Cadillac del 53. Nos aproximamos al Hotel Nacional, y sin levantar el pie del pedal giramos a la izquierda tomando “La rampa”. Tras un zig-zageo llegamos a la calle 21. Ahí está mi casa por los próximos cuatro días. “Bonita sensación esta de llegar a una ciudad desconocida y poder referirme a mi casa. Un hotel es mucho más frío” pienso.
Arriba me reciben Carolina y Lenin, un matrimonio de mediana edad que junto a su hijo viven en la casa Sandélis. Me muestran mi habitación. Salgo al balcón y encuentro las largas hileras de ventanas del “Nacional”, llegándose a ver sin problema el interior de alguna de sus habitaciones. “Menos lujo pero más cariño” me dice desde la puerta Carolina con una sonrisa que inspira confianza.
El viaje ha sido largo y necesito comer algo. Camino cien metros hasta llegar al restaurante La Roca. “Un bistec con arroz criollo, por favor” una joven camarera me toma nota con calma.
Con las pilas ya cargadas llego a la Habana Vieja. Me pierdo entre sus calles hallando una grata sorpresa. La Plaza de Armas y su mercado de libros de segunda mano, o tercera, quién sabe. También hay alguno nuevo. Me sumerjo durante unos minutos entre biografías del Che Guevara. “Esta es la primera edición, y ya van por 30 compañero, llévesela”. Me decanto por unos versos de Martí.
Paso frente a La Bodeguita del Medio pero los flashes de los turistas me disuaden. Tras cruzar la plaza de la catedral llego al Café O’Reilly. Una banda formada por cuatro mulatos cantan “Chan-Chan” frente a una docena de personas. Unos cuantos ingleses, una pareja de españoles y un grupo de jóvenes cubanos disfrutando, entre mojitos, de una animada conversación. Me sitúo en la terraza y observo una descuidada Habana Vieja que ya comienza a sumergirse en la oscuridad de la noche. La noche Habanera.
Me acerco a los jóvenes y les pregunto dónde puedo poner fin a mi día. Una chica sin dudar dice “ve a la Casa de la Música, es el mejor lugar para bailar salsa”. Otro me sugiere ir a la zona de Miramar, zona de fiesta por excelencia para los turistas, “para bailar un poco de reggaeton”. Les explico que he llegado hoy y que estoy un poco cansado, por lo que me sugieren un club de Jazz en el Vedado.
No sé si el saxo suena mejor en La Zorra y el Cuervo o, tal vez, a La Zorra y el Cuervo van los mejores saxos de Cuba. Entre sus notas pongo fin a un día cualquiera en la Habana.








by Imanol Abad
"Gracias por compartir más cosas que hacer en las ciudades. Una que no había incluído en mi lista"